Para ahorrar voy a… ¡gastar!

Esa es la conclusión a la que llegó mi hermanito (el mismo roba elefantes del que siempre platico) hace unos días en el chat de la familia.

Como te había contado en este post, el hombre comenzó a trabajar hace unos meses y por ende los súper tips de hermana financiera eran justos y necesarios. ¿Que si les puso atención? Esta conversación de la semana pasada te lo debería responder:

 

-Papá: ¿Cómo te fue ayer?

-Juancho: ¡Bien! Me dieron $100.00 en tip del fin de semana pasado. Y ayer $40.00.

-Papá: ¿Qué es eso de tip?

-Juancho: Propina.

-Mamá: Wuaaa, qué alegre amor, ahorrá por favor, ¿ok?

-Papá: A muy bueno. AHORRA.

-Mamá: Ya tenés casi el 25% de tu pasaje a Europa.

-Juancho: Jajaja así es madre bella! Sí, si voy ahorrar, lo que haré es que me voy a comprar un juego de play para no salir y no gastar.

-Mamá: Hummmmm. ¿Y cuánto te cuesta?

-Juancho: $50.00

-Ela: “lo que voy a hacer para ahorrar es.. gastar”

Y ahí lo tienen. Él decidió que la manera de ahorrar para el famoso viaje que quiere hacer a Europa es gastando en algo que, según él, lo hará ahorrar a fin de cuentas. ¿Qué creo yo? Obvio: ¡qué no será así!

Gastar para… ahorrar

Pero al margen de las bromas con que nos tratamos, realmente esta plática me hizo reflexionar que hay muchísimos casos en los que pensamos así y por dizque ahorrar, terminamos gastando de más.

El otro día, por ejemplo, alguien en la oficina me contaba cómo su hermana que es freelance, varias veces por mes se va a la Casa del Café a trabajar porque quiere “ahorrar” el internet de su casa… ¡que ella misma paga!

¿Que cómo dije? Así como lo oís. Y es que a ver, en primer lugar el wifi de su casa no se termina. Es un solo monto mensual que paga lo use o no. Y, en segundo lugar, cada vez que va al café termina consumiendo y gastando de más. Conclusión: nada de ahorro, solo fue una excusa para gastar.

Y hay más. Hace unos dos años, un amigo del princeso –a quien le gusta salir muchísimo y sé que no escatima cuando lo hace- nos intentaba convencer de comprar un Aire Acondicionado para nuestro cuarto.

Su premisa era que a él, tener AC lo hacía ahorrar. ¿Cómo? Pues según él, al sentirse cómodo en su casa y no tener calor, pasaba más tiempo en ella y no sentía la necesidad de salir tanto buscando el aire.

¿Ya sabés a dónde voy con esto? ¡Por supuesto que salía…. y mucho! Tener aire acondicionado no solo no lo hacía ahorrar, sino que gastaba más porque el recibo de energía le llegaba bastante hermoso.

Gastar… para ahorrar. ¡De verdad!

Ahora, con esto no quiero decir que siempre sea así. Por supuesto que hay también miles de casos en los que sacar un poco de dinero, te puede traer más dinero de regreso o evitar que gastés más.

Mi ejemplo favorito de esto probablemente no sea muy popular, pero es lo más real que hay: ¡los seguros! Cada vez que adquirís uno (del que sea) estás gastando –invirtiendo, en realidad-  con la confianza que no tendrás que desembolsar un monto mucho más grande después.

Tomemos como ejemplo un seguro de gastos médicos. Esa prima anual es una salida de dinero sí (y bastante sustanciosa normalmente), pero si te enfermás gravemente, ¿adiviná qué? Vas a tener con qué pagar: el seguro lo hará por vos. Y la matemática es sencilla, pagás por tu seguro una fracción de lo que te costaría dicha enfermedad. Sí, literalmente es una pequeña fracción.

En conclusión y para ir cerrando este post, buscar nuevas y mejores formas de ahorrar es excelente. ¡Me encanta! Pero debemos tener cuidado con que estas medidas sean formas REALES de ahorro y no meras excusas que nos ponemos para hacer lo que queremos…. ¡y terminar gastando el doble!

¿Y vos? ¿Cuántas veces te ha pasado algo así? ¿En qué casos has creído que vas a ahorrar y en realidad terminás gastando más?

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