Comprar por presión hace que te arrepintás al instante

Comprar por presión. ¿Nunca te ha pasado eso? ¡Estoy segura que sí! Al menos a mí me ha pasado varias veces.

Son esos momentos en los que tenés toda la seguridad de que NO querés comprar algo. Cada átomo de tu cuerpo te grita salgás de ahí y hasta te da escalofríos cuando decís que sí… pero te terminás llevando el producto o servicio.

Me volvió a pasar hace unos meses, cuando una persona -que ni amiga mía es, jaja- me ofreció algo para Luka y no pude decir que no. Y OJO, no por tentación de que Luka lo tuviera. Si no porque simple y sencillamente me sentí tan presionada y acorralada que no supe decir lo que mi cuerpo y mente sabían era la respuesta correcta: “no, gracias”.

Como resultado, no solo sentí un gran dolor de estómago al pagar. Además, eso que compré está en su bolsa, bien gracias, sin usarse. Sí, yo me dedico a las finanzas personales y eso no quiere decir que no cometo errores o que todas mis compras son perfectas :).

En ese momento me sentía tan mal que me fui a buscar apoyo a Instagram (¡jajaja!) para ver si a alguien más le sucedía. Y, ¡sorpresa! Pasa mucho más de lo que pensamos. Acá te comparto algunas de esas respuestas

 

Qué hacer

Simple y llanamente aprender a decir que no.

O sea, acá no estamos hablando de una compra impulsiva, de algo que te encantó en el momento y caíste en la tentación con el consecuente arrepentimiento posterior. No. Acá estamos hablando de algo que desde el inicio NO te querés llevar.

Así que no se trata de presupuestar, controlar gastos o preguntarte si lo querés o lo necesitás. En este tipo de compras todo eso ya está claro. Esto es un no-tan-sencillo aprender a decir que no. Algo que, confieso, me cuesta muchísimo.

Leyendo y analizando las respuestas de quienes me contestaron en Instagram, me doy cuenta que hay dos grandes razones por las que nos cuesta:

  • Te da pena.
  • Son personas cercanas.

Decirte (y decirme a mí misma) que debemos aprender a decir “no” es bastante sencillo. Fácil se dice, difícil se hace. Y, creo que como muchas otras cosas en la vida, esto se logra con práctica.

Es momento de perder el miedo a lo que otros puedan pensar: al final, es lo que principalmente nos detiene. Así mismo, reconocer que la angustia y temblorina van a ser parte del proceso.

Esto es como cuando identificás a tus bullies financieros. Una vez sabés quiénes son, es momento de practicar el no. Porque cada vez que decís “sí” a algo que no querés, no necesitás, no debés, estás permitiendo que alguien más tome control de tu dinero.

¿Y a vos? ¿Te ha pasado? ¿Cuál fue la última compra por presión que realizaste? ¿Sabías desde el inicio que NO te querías llevar el producto? ¿Cómo lidiás con esas situaciones?

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