A dos meses de Luka: los 2 más grandes actos de amor

Desde el 4 de Noviembre tengo un nuevo título: mamá. La personita que me lo dio aun no es capaz de decírmelo directamente, pero desde que lo tuve en mis brazos entendí la enorme responsabilidad con la que venía el cargo.

Como te conté en este primer post sobre la llegada de Luka, es sin lugar a dudas, mi trabajo más importante. A diferencia de todos los demás, para éste no tenía experiencia, ni estudios, ni un CV preparado o un contacto que me avalara. Aun así es el trabajo más cansado y al mismo tiempo enriquecedor que he tenido… y que seguramente tendré.

Mi Luka, mi Elo-tito, mi bebé, mi amor ya tiene 2.5 meses y en este corto tiempo ha revolucionado mi vida entera. Mi tiempo ya no es mío, ahora depende de los tiempos de él. Mi vida ya no es enteramente mía, ahora una gran parte se debe a él.

Pero si algo he aprendido en estos meses es que el puesto de mamá, además de venir llenito de amor incondicional, ternura, cariño, desvelos y todo lo demás que ya conocemos por intuición y esperamos, también viene cargado de una buena dosis de culpa, preocupación y duda.

En cuanto a la duda, todo el tiempo me estoy preguntando: “¿Lo estaré haciendo bien?” “¿Será esto así?” “¿O me estoy equivocando y voy a provocar un daño irreparable en él?”.

En cuanto a la preocupación, me estreso si duerme poco y si duerme mucho. Si he cambiado demasiados pañales sucios o si han sido muy pocos. Si ha comido mucho o si ha comido poco… y así. Es decir, vivo preocupada por cada cosa de él y dudando (ver el punto de arriba) si está bien y es lo correcto o no.

En cuanto a la culpa, la comencé a experimentar en diciembre. Y es que por cosas del destino tuve que estar yendo a la oficina 2-3 horas por día (algunos días) para resolver algunos problemitas. Como le estoy dando lactancia materna exclusiva y no tenía banco de leche, pues Luka andaba conmigo como garrapata: donde iba yo, ahí andaba él.

Me lo llevaba a él y a mi mamá a la oficina. Ella lo veía y lo cuidaba mientras yo trabajaba y me lo pasaba cuando le daba hambre. Quizá estés pensando “¿Y eso por qué te hacía sentir culpable?”. Bueno, porque en mi mente, a su escaso mes de vida él debería estar tranquilo en su casa y no de arriba para abajo conmigo, de cierta manera exponiéndolo al peligro.

Curiosamente, días después tuve que dejarlo solo por primera vez. Era el 16 de Diciembre, día de El Pop Up y tenía el compromiso de ir a firmar varias #PlatAgenda19, además de la responsabilidad de dejar el stand montado.Cuando me fui en la mañanita y se lo dejé a mi mamá, me la pasé llorando todo el trayecto, sintiéndome la peor madre del mundo. Es probable que él ni cuenta se haya dado de mi ausencia durante 3 horas –especialmente porque mi mamá le lanzó una pacha poderosa de casi 5 onzas que lo dejó nockeado en los brazos de Morfeo durante varia horas-, pero yo sentía que abandonaba a mi bebé en un orfanato.

Así pues, culpable si lo llevaba conmigo… culpable también si lo dejaba con mi mamá. Y eso no es todo, ahora que el princeso está de regreso y las labores en la oficina han comenzado, hemos aprendido a ver y decidir sobre el día a como llega.

El mero primer día decidimos llevarlo a trabajar con nosotros. ¿Podés adivinar lo que sigue? Sí, me sentía culpable de tenerlo en un ambiente laboral con mucha gente, mucha luz y mucho ruido. Tres días después me tocó trabajar el día entero y se lo dejé a mi mamá… sí, culpable también.

Bueno, no seguiré con este tema porque creo que ha quedado bastante claro: ¡Culpable! ¡Preocupada! ¡Dudosa! Seguramente quienes son mamás entenderán esta sensación y quienes no lo son me verán como loca (eso hubiera hecho yo), así que no me extenderé.

Mejor prosigo al asunto de este post, mis dos grandes actos de amor para Luka en estos dos mesecitos de vida.

1. Lactancia Materna Exclusiva

El primer gran acto de amor se llama Lactancia Materna Exclusiva y no exagero cuando digo que es un GRAN sacrificio.

Cuando inició todo este proceso de salir embarazados y me eché un clavado en varios libros al respecto, me quedó claro que lo mejor que podía hacer era darle a mi bebé leche materna 100% al menos hasta los 6 meses.

Quienes me siguen en Instagram saben incluso que no leí uno, ni dos, sino TRES libros sobre lactancia materna y evidentemente antes del parto yo me sentía toda una experta.

Como compartí en este post, el parto de Luka no fue fácil, pero no tuvimos problema con el primer encuentro y yo estaba convencida –después de tanto leer e informarme- que el calostro era suficiente hasta que la leche bajara y que por ninguna razón le debía dar fórmula.

Si algo aprendí de todos esos libros y artículos es que la lactancia materna es un proceso NATURAL y que si no nos estresamos al respecto, pues todo debería de fluir a la perfección. Me aprendí bien las diversas posiciones, las señales de hambre y las palabras “a demanda”, por lo que viví las primeras semanas convencida de que si el niño lloraba y yo me lo pegaba pues todo estaría bien.

La sorpresota me la llevé cuando en la cita del primer mes con la pediatra ésta nos dijo que solamente había subido 100 gramos. Mi corazón no solo se rompió por la preocupación del bajo peso de Luka, sino porque todo lo que pensé que sabía se me vino abajo. Me fui de regreso a mi casa llorando todo el camino y, por supuesto, pensando en lo pésima madre que era porque:

  • No había engordado mi hijo.
  • No me había dado cuenta que no lo había engordado.

En ese momento, todos los consejos, mitos y leyendas urbanas que desestimé (que si el famoso tibio, la semilla de jícaro, una mezcla de leche entera con polvo, naranja y huevo, comer avena, comer almendras, no comer frijoles, no comer cerdo, etc., etc., etc.) porque yo ya me había leído 3 libros los empecé a creer. Y ese día y el siguiente me lancé TODO lo que me dieron.

Luego me fui donde Gabriela Nárvaez de CiaoMamma, asesora en lactancia materna y con quien además habíamos tomado un súper curso prenatal, para que me dijera qué estaba haciendo mal.

Media hora con ella, su apoyo y sus consejos fueron suficientes para que una semana después Luka hubiera subido 0.6 libras –es decir, en una semana subió el doble de lo que había subido el primer mes- y un mes después nada más y nada menos que 4.5 librotas. (SOLO PARA ACLARAR SIGO CREYENDO 100% EN LA LME  Y LO QUE LEÍ. LO QUE LUKA Y YO TUVIMOS FUE, COMO DIJO GABY: UN PROBLEMA DE LOGÍSTICA)

Pero, ¿por qué digo que la lactancia materna exclusiva es un acto de amor? Porque es un sacrificio, es esclavizante: yo soy una esclava y mi amo se llama Luka. Estoy disponible para él a la hora que sea y el tiempo que sea. Y durante los primeros dos meses de su corta vida eso ha significado cada hora todas las madrugadas. Sí, a este punto soy más zombi que humana.

Hubo una madrugada, por ahí de finales de Diciembre en la que desde las 2:00 am hasta las 7:00 am, Luka mamaba 20 minutos, dormía 40 minutos. Mamaba 20 minutos, dormía 40 minutos. Mamaba 20 minutos, dormía 40 minutos. Y así.

La razón por la que llevo a Luka a la oficina conmigo cuando es importante que vaya es ésta. La razón por la que este sábado el princeso me acompañó con Luka a mis dos charlas también es ésta.

Y sí, estoy comenzando a trabajar en mi banco de leche pero tampoco es fácil. Admiro muchísimo a las mujeres que abren aquel freezer y está repleto de bolsitas con onzas de su leche. Yo misma tuve la suerte de que una amiga me regalara lo que quedó de su banco una vez decidió destetar a su bebé.

Pero a mí me ha costado trabajo, entre la leche que le doy a él directamente del pecho, el cansancio con el que cargo y el trabajo que tengo que hacer, siento que el tiempo que me queda para sacarme leche extra y congelarla es mínimo… pero ahí vamos. Hoy ya tengo mis cuantas bolsitas locas congeladas que me han ayudado a despegarme de Luka un día entero por semana, mientras mi mamá lo cuida y yo trabajo.

Muchísimas personas me han dicho, así de manera casual, que por qué no simplemente paro de sufrir y complemento con fórmula. Pues no. Si bien las miles de hojas que me devoré de lactancia materna no me ayudaron a que Luka subiera de peso como debería el primer mes, sí me sirvieron para vivir convencida que si se puede, es lo mejor que le puedo dar a mi bebé.

La leche materna no es solo leche, está comprobado que es el mejor alimento para el bebé. Viene cargada de los anticuerpos de la mamá y aporta la nutrición que éste necesita en cada etapa: su composición va cambiando a medida que el bebé va creciendo. Pero además de eso, es alimentación emocional. La chicha/chichi/teta/busto o como le querás decir es amor, cariño, ternura, paz, encuentro, sosiego, calma y todo lo que el bebé necesita que sea.

No soy ni pretendo ser experta en lactancia materna. Pero si me lo preguntan, la recomiendo. También recomendaría (de nuevo, si me lo preguntan, porque me prometí a mí misma no andar dando consejos de a gratis cuando alguien está embarazada) informarse mucho sobre el tema para no caer en los tantos mitos que circulan en nuestra sociedad y favorecen la leche de fórmula, ir a grupos de apoyo –como el maravilloso que tiene Gaby con CiaoMamma, que además es completamente gratis- y tener tu propia red de apoyo porque fácil no es: tu esposo, tu mamá, tu suegra, etc.,  entre más informados y convencidos estén de la importancia y los beneficios que trae la lactancia materna exclusiva más fácil va a ser que vos podás lograr lactar a tu bebé el tiempo que decidás hacerlo.

2. Seguro de vida

El segundo gran acto de amor se llama Seguro de vida y es que con tanta preocupación y duda, lo mínimo que podía hacer era tener la confianza de que si algo nos llega a pasar (a mí y/o al princeso), Luka tendrá cierto colchón financiero.

Evidentemente nada sustituye la vida, presencia y amor de los padres, pero no es lo mismo pedirle a alguien –hermanos, abuelos, tíos, amigos o quien sea- que se haga cargo de criar a tu hijo con dinero, que sin dinero.

En los casi 7 años de este blog he escrito múltiples artículos sobre los seguros de vida. Desde en qué consisten y por qué tenerlos, hasta cuánto cuestan y cómo conseguirlos. Sin embargo, siempre dejé claro que yo NO tenía uno y que hasta ese momento no lo veía necesario pues nadie dependía económicamente de mí.

Todo eso cambió el 4 de noviembre del 2018 a las 11:30pm. Luka depende enteramente de nosotros y aunque lo que más quiero es que nos entierre ya viejitos, nada nos puede garantizar que será así.

Las cosas pasan. Los accidentes pasan. Las enfermedades pasan. La vida pasa. Y también nos puede pasar a nosotros.

De hecho, en los primeros días de nacido de Luka experimenté el mayor temor infundado que había sentido en mi vida. Todo me daba miedo y el princeso me encontraba a ratos llorando “sin razón”. La razón era, en realidad, que me daba pavor que me pasara algo a mí, que le pasara algo a Yass o que le pasara algo a Luka. ¿Habrá sido algo de depresión posparto? Quién sabe, quizá. Pero te puedo decir que a la fecha, aunque no vivo con ese pavor, sí estoy clara que cualquier cosa nos puede pasar en cualquier momento.

Es por esto que al cerrar el 2018 y plantearme mis metas de este año, me di cuenta que éstas eran bien diferentes a lo que me proponía en años anteriores. Este 2019 decidí que financieramente quería y necesitaba dos cosas:

  • Un seguro de vida que me diera la tranquilidad de que si algo nos pasaba, Luka (su comida, su vivienda, sus estudios, su ropa, etc.) estaría cubierto porque ¡clase clavo el que le deja uno a la familia si se muere y le endosa al hijo!
  • Un seguro de gastos médicos que nos permita darle a él –y a nosotros- la mejor atención en medicina, hospitales y doctores posible.

El primero ya lo tenemos. El segundo sigue siendo una meta, pues no solo es bastante más caro que el de vida, sino que si lo pensás, para la salud hay ciertas opciones (el INSS, por ejemplo, o los hospitales de acá), para la vida no.

Los seguros son ese rubro dentro del presupuesto en el que no debemos escatimar. No es el lugar ideal para ahorrar. De hecho, mi recomendación es que en temas de seguros, comprés la máxima cobertura que tu presupuesto te permita.

En nuestro caso y con la crisis que se nos vino desde hace nueve meses, no es que nos sobrara la plata para adquirirlo, simplemente lo convertimos en una prioridad. A tal punto, imaginate, que el plan de ahorro para el retiro internacional que tengo hace 4.5 años y puse en pausa en plena crisis, sigue estando en pausa y preferí destinar dinero para asegurarme que la vida de mi bebé continúe aun si nosotros llegamos a faltar.

El seguro que compramos

Como siempre recomiendo, antes de comprar lo que sea, debemos averiguar, cotizar y comparar antes de decidir. En este caso, busqué opciones de seguros de vida locales e internacionales.

Al comparar la prima a dar versus la suma asegurada a recibir, decidí que valía la pena dar unos $40.00 más por una suma de $250,000.00 dólares que me da el internacional, VS $75,000.00 que me ofrecían en el plan nacional.

Elegí un seguro de vida con BMI a 20 años. La prima anual es de $347.50 y el valor a recibir, como ya dije, es de $250,000.00. En cristiano, cada año pagaré $347.50 dólares y si el día de mañana (o cualquier día durante los siguientes 20 años) muero, Luka recibirá $250,000.00 dólares. El plan del princeso es similar, con la diferencia que como él tiene 2 hijos, la suma asegurada se dividiría entre ellos dos.

Dato curioso: el seguro de vida de Yass es más caro que el mío, pues el hecho de ser mayor tan solo 2 años y de ser hombre, lo encarecen. Así que consejo sano: entre antes coticen y empiecen a pagar, mejor.

Ahora, ¿son realmente suficientes $250,000.00 dólares para asegurarse que la vida de un bebé continúa como a vos te hubiera gustado? Probablemente no. Cuando empezás a sacar a cuentas de vivienda, alimentación, vestuario, educación (¿cuánto cuesta una universidad ahora?), entretenimiento, etc., es probable que se necesite más… pero esto es lo que podemos pagar ahora.

Cuando las cosas mejoren en el futuro, ¡porque sé que van a mejorar!, podremos subir la suma asegurada. Como bien me enseñó una experta en seguros: ¿cómo se le pone el precio a una vida? Pues no se puede, pero podemos intentar dejar a nuestros hijos lo más protegidos posible.

Sé que cuando me lanzo mis posts personales me termina saliendo un testamento en lugar de un artículo, así que me voy despidiendo. Si llegaste hasta acá, ¡gracias por tu tiempo, paciencia y compartir!

Si a alguien le gustaría información adicional sobre cualquiera de estos dos actos de amor, soy un libro abierto. Me pueden enviar un correito, un inbox, o escribir en los comentarios ;). Si hay muchas personas interesadas en uno de estos temas (o en los dos), podríamos hacer un LIVE o un podcast con expertas en cada tema, pues yo no lo soy. Solo me dedico a compartir mi experiencia y sentir en cada uno.

Y ahí están pues. A dos mesecitos del hombrecito que robó mi alma, estos han sido los dos grandes actos de amor. Ya seguiré compartiendo en el futuro cómo continúa mi vida con este súper trabajo de ser mamá.

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