
Hay una etapa de la vida financiera que me parece particularmente frustrante: cuando comenzás a hacer las cosas bien y descubrís que igual no podés hacerlas todas.
Querés tener un fondo de emergencia, invertir para tu retiro, ahorrar para la prima de una casa, cambiar el carro, viajar, pagar anticipadamente tus deudas, guardar para la educación de tus hijos y, si se puede… disfrutar un poquito la vida mientras tanto.
Todo suena razonable por separado pero cuando hacés las cuentas y descubrís que para cumplir todas esas metas necesitarías ahorrar C$25,000 mensuales… y a vos te quedan C$7,000.
Una meta también tiene una cuota mensual
Hace años aprendí que una de las mejores maneras de saber si una meta es realista es dejar de verla como una cifra enorme y convertirla en una mensualidad.
Querés ahorrar US$3,000 para un viaje dentro de un año. Eso significa US$250 mensuales.
Querés reunir US$10,000 para la prima de una casa dentro de cuatro años. Son aproximadamente US$208 al mes.
Querés construir un fondo de emergencia de US$6,000 en dos años. Son US$250 mensuales.
Solo esas tres metas requieren US$708 cada mes.
Ahora viene la pregunta que muchas veces nos saltamos: ¿Tenés US$708 disponibles después de cubrir tu vida actual?
El problema no siempre es la meta. A veces es el plazo.
Supongamos que después de cubrir tus gastos, obligaciones y ahorro para retiro, tenés US$300 mensuales disponibles para una meta.
Querés US$6,000 dentro de un año necesitarías US$500 mensuales.
Podés castigarte doce meses porque “no estás ahorrando suficiente”, o podés reconocer que, con tus ingresos actuales, esa meta y ese plazo no son compatibles.
Entonces solo existen unas cuantas variables que podés mover: necesitás más tiempo, necesitás reducir el costo de la meta, necesitás destinarle más dinero quitándolo de otro lugar o necesitás aumentar tus ingresos.
Y aquí tenés que escoger
El dinero tiene una característica bastante antipática: el mismo billete no puede financiar cinco cosas al mismo tiempo.
Si tenés C$8,000 disponibles y querés destinar C$5,000 a la prima de una casa, C$4,000 a un viaje y C$3,000 a invertir, el problema no se resuelve con una aplicación de presupuesto.
Tenés que priorizar. Yo empezaría separando las metas que protegen tu estabilidad de las que mejoran tu estilo de vida. Si no tenés fondo de emergencia, estás ahogada en deuda cara o tu familia depende económicamente de vos y no tiene las protecciones necesarias, probablemente hay cosas que necesitan ocurrir antes de cambiar el carro o hacer un gran viaje.
Eso no significa que viajar sea malo, que comprar una casa sea obligatorio o que todos tengamos que perseguir las mismas metas. Significa que el orden importa.
Una pregunta que puede ayudarte mucho es:
Si solo pudiera avanzar en una de estas metas durante los próximos doce meses, ¿cuál tendría el mayor impacto en mi vida financiera?
Cuidado con perseguir metas que ni siquiera son tuyas
También hay algo que pasa muchísimo: comenzamos a medir nuestro progreso financiero con la vida de los demás. A cierta edad “ya deberías” tener casa. A los 30 deberías invertir. A los 40 deberías haber terminado de pagarla. Tus hijos deberían ir a determinado colegio, deberías viajar una vez al año, tener cierto carro y además estar construyendo patrimonio.
¿Según quién?
Una persona puede decidir vivir alquilada porque valora la movilidad. Otra puede sacrificar viajes durante varios años porque tener casa propia es importantísimo para ella. Alguien más puede manejar el mismo carro durante quince años porque prefiere invertir ese dinero.
Ninguna de esas decisiones es automáticamente superior. El problema comienza cuando gastamos dinero intentando alcanzar la definición de éxito de otra persona.
Hay otra cara de esta conversación: Aceptar que hoy no podés financiar todas tus metas no significa decidir que nunca vas a poder. Si después de hacer las cuentas descubrís que las metas que realmente importan para vos requieren C$15,000 mensuales y actualmente solo podés destinar C$5,000, tenés información valiosísima.
Podés extender plazos y priorizar, sí. Pero quizás también necesitás preguntarte qué tendría que pasar con tus ingresos durante los próximos tres, cinco o diez años para que algunas de esas metas sean posibles. Porque hay metas que se solucionan ahorrando mejor y hay metas que requieren ganar más.
Eso puede significar capacitarte, negociar mejor tu salario, cambiar de trabajo, crecer profesionalmente, desarrollar otra fuente de ingresos o replantear una meta cuyo costo simplemente no hace sentido para vos.
Tu plan financiero no tiene que parecerse al de nadie más
Tal vez este año no podés invertir, viajar, cambiar el carro y ahorrar para una casa al mismo tiempo.
- Quizás este año toca terminar una deuda.
- Después construir el fondo de emergencia.
- Y dentro de dos años comenzar la prima de la casa.
Eso puede sentirse más lento cuando abrís Instagram y pareciera que todo el mundo está comprando casa, viajando, invirtiendo y jubilándose a los 35 pero las finanzas personales no se ganan acumulando la mayor cantidad de metas posibles, se construyen decidiendo qué importa, poniéndole números y aceptando el costo de elegir una cosa antes que otra.
Así que agarrá tus metas y hacé el ejercicio: cuánto cuesta cada una, cuándo la querés cumplir y cuánto tendrías que separar mensualmente. Después sumalas.
Si el resultado es mayor que el dinero que realmente tenés disponible, no significa automáticamente que estés fracasando. Significa que llegó el momento de decidir porque podés querer muchas cosas. Lo que probablemente no podés es financiarlas todas al mismo tiempo.