Testimonio: Qué hacer cuando la crisis financiera toca tu puerta

Hace unos días recibí este correo de Andrés, contando su historia y pidiéndome publicarla. Para mí, cada persona que se da cuenta que puede cambiar y comienza a trabajar en sus cambios es admirable y una fuente de inspiración para muchos otros que están dudando de sí mismos. Espero disfrutes el testimonio de Andrés.

La crisis financiera es solo la punta del iceberg.

Las raíces de esta crisis financiera son indudablemente lo aprendido en mi núcleo familiar primario. Y es que en el subconsciente se van desarrollando estos malos hábitos. Esa vida carnaval de mi familia fue el primer síntoma de la crisis, ya que cuando me analizo hasta antes de llegar al Programa, era de lo más arraigado que podía tener.

Cuando asumo el rol de adulto y cabeza de hogar, este hábito se conjuga con el de súper proveedor y ahí hay otro síntoma de la crisis, ya que entra en juego el qué dirán de la sociedad. Mis hijos siempre debían de tener su comida, estudio, ropa etc., pero esto debía de ser acorde a mis posibilidades y no a aparentar, endeudándome para tener un estilo de vida que se me iba a salir de las manos varias veces

Haciendo un recuento, he visto cómo se han cancelado préstamos a bancos, financieras, tarjetas de crédito. Hago retrospectiva y me digo a mí mismo: “¿era necesaria tanta deuda? ¿Cómo se hizo? ¿Cómo se llegó a esos niveles? Y, sobre todo, ¿Cómo una y otra vez salí de esos pequeños hoyos negros, hasta que caí en el hoyo más profundo y de ese creí que si no podía escapar?”

Pensaba que teniendo siempre dinero disponible, tarjeta de crédito, un trabajo bien remunerado era sinónimo de prosperidad financiera. Sin embargo, estaba en lugar equivocado, porque aunque siempre he luchado mucho por sacar adelante a mi familia, tenía lapsos de contentamiento. Pero eran falsos.

Ea más  una gratificación momentánea, ya que no había un equilibrio entre la familia, el bienestar, la estabilidad económica y emocional. O había una cosa, o la otra pero no se lograba el equilibrio deseado.

Es ahí cuando de a poco la crisis se va metiendo en la casa, invadiendo no solo cada rincón de ella sino también de la vida misma, de mi ser. Y esta empeora por la actitud asumida de mi parte. Negación, frustración, enojo. No enfrentaba ni las personas ni los problemas como debía de ser, escondiendo cada trámite, mintiendo no solo a mis seres queridos sino a mí mismo.

Siempre era la misma tónica. Mi esposa me preguntaba si se podía y yo le decía que sí, nunca tuve el valor de enfrentar la situación y sentarme a dialogar con ella acerca de la parte económica, salario, deudas, etc. provocando un descontento, desconfianza, cólera, pérdida de credibilidad en el momento de cada engaño financiero descubierto.

No le di el valor que debía a cada moneda. Pensaba que de una u otra forma siempre iba a salir adelante. Los maravillosos pensamientos mágicos sin realizar ningún esfuerzo adicional, sin sentarme a buscar salidas concretas, todo era producto de la fantasía, aun sabiendo que ya había tropezado más de una vez.

Pero no recapacitaba. Una vez se lograba cierta estabilidad financiera, no se hacía un balance de la situación, sino que otra vez  caía en el consumo desmedido, gasto de tarjetas de crédito y a mediano plazo ya se tenía una situación igual o peor a la que se había superado.

El impacto de la crisis a nivel familiar es muy grande ya que afecta directamente en las emociones no solo de la persona que está con el problema sino con el resto de la familia.

Ya que los comportamientos ante situaciones de mucho estrés y presión empiezan a hacerse notorios, las llamadas constantes, correos, mensajes etc., hacen mella en el ánimo, se asoma la tristeza, la baja autoestima, el bajo rendimiento en las actividades cotidianas, la pérdida del apetito, la pérdida de la fe, pensamientos de atentar contra la vida misma.

Todo esto desarrollado bajo el más aterrador anonimato, ya que se debía de poner otra cara ante compañeros, familiares, amigos, sociedad. Se pensaba que no había a quién recurrir y si se hablaba de esto aparte de la vergüenza, estaba el fallo como persona ante todos.

Aparte de vivir todo lo anterior, estaba todo lo que encierra el matrimonio. Y como aparte de las dificultades entre pareja el vivir una crisis hace que todo se ponga a prueba, el daño es muy grande y sus repercusiones pueden ser devastadoras.

La pérdida de los valores que encierra las promesas de una vida donde dos van hombro a hombro saliendo adelante, se vuelve frágil y se resquebraja poco a poco convirtiéndose cada vez más en un rompecabezas de más piezas y cada una de ellas más complejas de volverse a armar.

Eso se vuelve una daga que atraviesa las fibras más profundas de mi ser produciendo un dolor indescriptible al ver las miradas que una vez fueron de amor, ternura, paciencia, en miradas de desaprobación, duda, desencanto, rechazo, preocupación, decepción.

En fin, miradas que se te meten en la retina y te invaden el cuerpo volviéndolo vulnerable, inhóspito. Un cuerpo como el de un zombie, el cual va sin rumbo definido solo camina por inercia, buscando algo que no se sabe qué es y que no sabe llegar. Todo esto hace que una y otra vez broten lágrimas de impotencia, de cobardía al no enfrentar los problemas en su momento y con la valentía que se requiere.

Eso era el antes. Ahora, después de este tiempo en el Programa, con la guía necesaria y aplicando los conceptos, herramientas y demás que he aprendido sé que hay que poner en práctica muchas cosas diferentes a como estaba haciendo anteriormente.
Por ejemplo:

  • La compra de ropa y calzado: esta no debe de ser de marca o en las mejores tiendas, sino buscar ofertas y cambiar de tiendas para encontrar opciones diferentes.
  • La recreación: hay muchas opciones de bajo costo o gratis. También realizar más actividades al aire libre, más deporte. Las celebraciones familiares que, casi de obligación hay que realizar haciendo un gasto indebido, cuando en realidad lo que se necesita es compartir un rato agradable con las personas indicadas haciendo un uso adecuado y responsable de los recursos.
  • Cambiar rituales de compra en supermercado: hacer lista, buscar ofertas, cambiar productos y no comprarlos solo por una marca determinada. He aprendido que hay productos de la misma calidad que las marcas tradicionales y que son mucho más baratas

Ante todo, esto pasamos a las acciones:

  • Aceptar: aceptar mi problema, que el dinero no alcanza, que no hay para comprar lo que queremos o necesitamos.
  • Expresar: buscar las personas adecuadas para comentar la situación y tratar de buscar alguna ayuda o solución realista al problema.
  • Revisar: hacer un análisis. ¿La crisis ha sido por factores externos o sobreendeudamiento o una mezcla de ambos?
  • Ajustar: hacer ajustes importantes en las compras de primera necesidad, lugares que se frecuentan para no caer en gastos innecesarios, los gustos ahora no serán tan frecuentes.
  • Modificar: algo que se debe modificar indudablemente es el hábito del consumo alimenticio, tanto en casa como fuera de ella. Cambiando los menús, productos de temporada, ofertas, modificar las porciones o raciones por cada miembro de la familia para que sea equitativo y alcance para todos. El sentarse juntos a la mesa hace más equilibrado el consumo, se crea un lazo más fuerte y sirve como medio de conversación para ver los pormenores del día. Otro aspecto a tomar en cuenta son las salidas a comer. Hay que buscar alternativas donde ofrezcan combos familiares más cómodos y no los restaurantes de siempre donde muchas veces se paga caprichos, más que comida de calidad.
  • Decir no: comúnmente nos invitan a actividades familiares, de trabajo, de grupo social determinado a lo cual terminamos aceptando y nos genera gastos muchas veces absurdos, frecuentando inclusive lugares que no nos gustan o donde simplemente no estamos a gusto.
  • Decir sí: a las posibilidades de poder salir de la crisis. Aun cuando no estés convencido de que se puede salir de la situación más compleja.
  • Negociar: algo que dejamos de hacer es buscar mejores opciones de readecuación de las deudas. Negociando con las entidades financieras podemos lograr muchas veces acuerdos bastante satisfactorios y más reales, a los que podemos hacer frente sin caer en morosidad.
  • Generar: los ingresos necesarios para el diario vivir es lo fundamental que debemos buscar para los pagos de servicios básicos así como alimentación y gastos de mantenimiento mínimo.
  • Emprender: muchas veces es estando en la adversidad donde brotan las ideas para realizar algún negocio que nos ayude con nuestra situación financiera.
  • Explicar: abrirse prácticamente ante el núcleo familiar de cómo está la situación financiera para que los demás logren entender mejor las medidas a tomar y se logre más comprensión de la cuenta inclusive la ayuda de ellos.
  • Asistir: asistir a cursos de educación financiera como el PEF en el cual me dan apoyo y herramientas adecuadas para poder salir de la crisis.
  • Vender: en algunas ocasiones podría ser necesario la venta de algún bien o artículo que nos ayude a recuperar dinero y solventar parte de la crisis.
  • Persistir y no desmayar: creo que esta es una de las más fundamentales porque pueda ser que se estén realizando grandes esfuerzos por salir adelante y se estén obteniendo resultados pequeños o grandes. Sin embargo, el mantenerse en el cambio de los hábitos, en el cambio de estilo de vida es el empuje necesario para seguir por el camino de la austeridad, el ahorro, la mesura, la consciencia, la toma de decisiones adecuada.

Como conclusión, las marcas dolorosas que deja la crisis son un recordatorio de que hay oportunidad para el cambio personal y mantener un estilo de vida muy diferente al vivido hasta ahora.

No podemos vivir por los demás, sino que debo salir adelante con los recursos existentes. Debo mantenerme en la frugalidad, ser agente de cambio ante tantos patrones aprendidos y exigencias de la sociedad que nos llevan hacia un abismo de consumo, de marcas, de etiquetas, lo cual no me define como persona.

No debo de pertenecer a un grupo solo por su estilo de vida, soy lo más importante y como tal debo darme mi lugar y mi espacio, nadie vive mi vida ni la de mi familia para que me hagan un estereotipo de la sociedad.

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