
En redes sociales explotó este concepto de tradwifes (abreviatura de traditional wifes) con mujeres que promueven un modelo de pareja más tradicional, en el que el hombre es principalmente el proveedor económico y la mujer se dedica al hogar, los hijos y el cuidado de la familia.
Y yo no tengo ningún problema con que una mujer quiera quedarse en su casa. Lo que sí me preocupa es romantizar la dependencia financiera como si fuera parte del paquete.
Porque una cosa es decidir que no querés trabajar fuera de casa y otra muy distinta es no saber cuánto gana tu familia, qué tienen, qué deben, dónde está el dinero, qué seguros existen o qué pasaría con vos si mañana tu esposo ya no estuviera. Si querés una vida tradicional, perfecto. Pero también necesitás una vida financiera bien protegida.
Quedarte en casa también tiene un costo financiero
Dejar de trabajar no significa solamente renunciar al salario de este mes. También pueden ser años en los que dejás de acumular experiencia, aumentar tus ingresos, construir ahorro propio, aportar para tu retiro y mantenerte activa dentro del mercado laboral.
Eso no significa que cuidar una casa y criar hijos no tenga valor. Lo tiene, y muchísimo. El problema es que ese trabajo generalmente no llega acompañado de salario, prestaciones ni ahorro para la vejez.
Por eso, si una pareja decide que uno de los dos se quedará en casa, la conversación no debería ser simplemente: “Mi esposo gana suficiente para mantenernos”. La pregunta debería ser: ¿cómo vamos a construir seguridad financiera para los dos?
Si él es el proveedor, su seguro de vida no es negociable
Esta sería una de mis primeras preguntas. Si toda o buena parte de la estabilidad económica de la familia depende del ingreso de una sola persona, ¿qué pasa si esa persona muere?
No me encanta pensar en eso, a nadie le encanta pero un plan financiero serio también contempla las cosas que esperamos que nunca ocurran. Si tu esposo es quien genera el ingreso, necesita un seguro de vida suficiente para que su muerte no se convierta, además del golpe emocional, en una emergencia económica para vos y tus hijos.
También deberían revisar seguro médico, fondo de emergencia y las demás protecciones que correspondan a su realidad. Ser una esposa “tradicional” sin protección frente a la pérdida del proveedor no es tradicional. Es financieramente riesgoso.
Tenés que saber dónde está el dinero
Que tu pareja administre las finanzas porque le gusta más, porque sabe más o porque así se organizaron no significa que vos podás desentenderte. Necesitás conocer los ingresos del hogar, las cuentas bancarias, las inversiones, las propiedades, las deudas, los seguros y los documentos importantes. Necesitás entender cómo se pagan las cosas y qué patrimonio están construyendo.
Y, sobre todo, tenés que participar en las decisiones financieras importantes.
Porque si llevás quince años administrando una casa mientras tu esposo administra todo el dinero y un día él falta, ese no debería ser el día en que descubrís por primera vez cuánto debían, dónde estaban invertidos los ahorros o cómo pagar la hipoteca.
Tu futuro también necesita dinero
Si uno trabaja fuera de casa y el otro trabaja dentro de ella, el plan de retiro tampoco debería existir únicamente para quien recibe el salario. ¿Cómo vas a vivir vos a los 65 o 70 años?, ¿qué patrimonio están construyendo juntos?, ¿hay inversiones o ahorro destinados también a tu futuro?, ¿qué derechos tenés sobre los bienes que están acumulando?
Las respuestas específicas dependerán del país, del régimen matrimonial y de cómo esté estructurado el patrimonio de cada pareja, por lo que en algunos casos hará falta asesoría legal. Pero la conversación tiene que existir.
No esperés a los 55 años para preguntarte qué construiste financieramente durante las décadas que dedicaste al cuidado de tu familia. Lo hablado es lo entendido.
Y también existe la posibilidad de que el matrimonio termine
Esta es probablemente la parte menos bonita del video de la tradwife haciendo pan desde cero o un postre diferente en cada cena. Las relaciones también terminan.
No estoy diciendo que entrés a un matrimonio esperando divorciarte. Estoy diciendo que no deberías necesitar que un matrimonio funcione para poder sobrevivir financieramente.
Si llevás diez o quince años fuera del mercado laboral, no tenés ahorro al que podás acceder, no conocés las finanzas familiares y no tenés ninguna manera inmediata de producir ingresos, tu capacidad de decidir cambia.
Si querés estar con alguien hacelo porque querés y no porque económicamente no podés irte.
La estética en Instagram y una mujer latinoamericana no son lo mismo.
También tenemos que poner esta tendencia en nuestro contexto. En América Latina, para muchísimas familias vivir de un solo ingreso ni siquiera es una posibilidad. Hay hogares donde ambos adultos necesitan trabajar para cubrir lo básico y otros donde una mujer se queda en casa no porque haya escogido una estética o un estilo de vida, sino porque no tiene acceso a un empleo bien pagado o porque el costo y la disponibilidad del cuido hacen muy difícil trabajar.
Por eso hay que tener cuidado con convertir decisiones profundamente atravesadas por ingresos, oportunidades y clase social en fórmulas universales. No todas tenemos las mismas opciones. Y una decisión solamente puede sentirse verdaderamente libre cuando también entendés sus consecuencias.
Si decidís quedarte en casa, no te quedés fuera de tus finanzas:
- Podés decidir que tu aporte principal a la familia estará en criar a tus hijos y administrar tu hogar.
- Podés querer un esposo proveedor.
- Podés disfrutar cocinar, cuidar tu casa y dedicarte completamente a tu familia.
Nada de eso exige que seas financieramente ignorante.
Aprendé de dinero, participá en las decisiones, conocé el patrimonio familiar, entendé las deudas, asegurate de que existan seguros adecuados, hablá de tu retiro, mantené tus conocimientos y habilidades actualizados y conocé cuáles serían tus opciones si algún día las circunstancias cambian. Para mí, la discusión nunca debería ser si está bien o mal que una mujer se quede en casa.
La conversación financiera es otra: Si esa es la vida que elegiste, ¿está construida de manera que también estés protegida vos?
Porque depender de un ingreso no debería significar depender de no quedarte viuda, de que el matrimonio nunca termine o de que nada salga mal, poodés elegir una vida tradicional. Lo que no tenés por qué elegir junto con ella es la vulnerabilidad financiera.