
Una de las cosas para las que yo quiero dinero es para poder pagar la educación de mis hijos. Quiero que algún día Luka o Lorenzo puedan venir y decirme: “Mamá, quiero estudiar esto, en esta universidad, en este país”, y que el dinero no sea lo que determine si pueden hacerlo o no.
Por supuesto que habrá otras preguntas. ¿Por qué querés estudiar eso?, ¿qué querés hacer después?, ¿por qué esa universidad? Pero poder elegir es precisamente una de las cosas que para mí significa tener dinero. LIBERTAD.
Ahora, mis hijos probablemente van a estudiar y trabajar en un mundo completamente diferente al que me tocó a mí. La inteligencia artificial ya está haciendo en segundos cosas que hace pocos años necesitábamos horas para hacer y, seguramente, muchas de las habilidades que hoy consideramos valiosas van a cambiar.
Entonces, ¿sigue teniendo sentido invertir tanto dinero en educación? Yo creo que sí. Lo que está cambiando es en qué tipo de educación vale la pena invertir.
La educación nunca fue solamente acumular información
Yo hice un MBA y, si lo pienso, probablemente una buena parte de la información que recibí durante esos años hoy podría preguntársela a una inteligencia artificial… y hasta le podría pedir que haga mi trabajo. Pero eso no significa que una inteligencia artificial pueda reemplazar lo que significó educarme.
Aprender a analizar un problema, defender una idea, trabajar con personas diferentes, cuestionar lo que creo saber, tomar decisiones con información incompleta, equivocarme y volver a intentar son habilidades que no desaparecen porque ahora tengamos una herramienta capaz de darnos una respuesta en segundos.
De hecho, creo que algunas se vuelven todavía más importantes. Porque cuando obtener una respuesta es barato, saber qué preguntar, qué creer y qué hacer con esa respuesta vale mucho más.
La pregunta ya no puede ser solamente “¿qué vas a estudiar?”
Quizás durante muchos años educarnos funcionó de una manera relativamente lineal: estudiabas una carrera, conseguías trabajo y utilizabas durante décadas buena parte de lo que habías aprendido.
No sé si nuestros hijos van a tener ese lujo. Probablemente tendrán que aprender nuevas herramientas muchas veces, actualizarse, cambiar de funciones e incluso trabajar en profesiones que hoy todavía no existen.
Por eso, además de preguntarle a un joven qué quiere estudiar, yo agregaría otras preguntas:
- ¿Qué estás aprendiendo a hacer?,
- ¿Qué problemas vas a poder resolver?,
- ¿Qué tan fácil sería reemplazar esa tarea?,
- ¿Estás aprendiendo a utilizar las nuevas herramientas o estás compitiendo contra ellas?
Porque la inteligencia artificial también puede convertirse en parte de tu educación. El error sería creer que, como existe, ya no necesitás educarte.
Hoy podés pedirle a una IA que te haga un presupuesto, que analice una inversión, que redacte un contrato o que te explique un resultado médico. Pero mientras menos sepás del tema, menos capacidad tenés para darte cuenta cuando la respuesta está equivocada.
La herramienta puede multiplicar tus capacidades, pero primero tiene que haber capacidades que multiplicar.Una persona que entiende finanzas puede utilizar inteligencia artificial para analizar información muchísimo más rápido. Una persona que no entiende nada de finanzas puede recibir una respuesta perfectamente redactada y tomar una pésima decisión creyendo que es correcta.
Por eso creo que invertir en conocimiento sigue teniendo muchísimo valor. Una maestría, una certificación, un curso, aprender un idioma, capacitarte en una nueva tecnología, leer, buscar un mentor o desarrollar una habilidad que aumente tu capacidad de producir ingresos.
La pregunta que yo me haría antes de pagar por cualquiera de esas cosas sería: ¿qué voy a poder hacer después de esta educación que hoy no puedo hacer?
A veces el retorno será directamente financiero: conseguir un mejor trabajo, cobrar más o producir mejor. Otras veces será conocimiento, criterio, conexiones o incluso la posibilidad de acceder a experiencias que antes no estaban disponibles para vos. No todo retorno tiene que aparecer inmediatamente en una cuenta bancaria para tener valor.
Yo sigo ahorrando para la educación de mis hijos
Aunque no tengo idea de cómo será la universidad cuando les toque llegar ahí.
Quizás las carreras duren diferente, quizás aprendan parte de ellas utilizando inteligencia artificial, quizás las profesiones que escojan todavía ni siquiera tengan el nombre que tendrán entonces.
No puedo preparar a mis hijos para cada cambio que va a ocurrir pero puedo influir en ellos que nunca dejar de aprender.

