Por qué se nos hace difícil ahorrar

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Éste es el segundo post invitado de este lector: José Jimenez. Alguien a quien conocí hace unos meses y desde entonces compartimos mucha información y opiniones sobre educación financiera. Si te interesa escribir un artículo en Plata con Plática, escribime a [email protected] y con gusto lo publicamos. Los únicos requisitos son: que su contenido esté relacionado con finanzas personales y que cumpla con los criterios de buena redacción y ortografía.

Ahorrar dinero no es tan difícil, el problema es que no sabemos cómo hacerlo porque nunca nos han educado para ello. En mi caso, a los 8 años lo más común era que me compraran un chancho de barro en la entrada de La Paz Centro camino a nuestras vacaciones al departamento de Chinandega.

Llegaba a mi destino con mi chancho e inmediatamente mis familiares, al ver el chancho en mis brazos, ingresaban monedas en mi plan de ahorro, otras invertían billetes de una más alta denominación, el punto es que al final del día me iba bien, pues hasta las amistades de mis padres aportaban para mi futuro.

Andar el chancho en mis manos era como hacer magia: todos querían apoyar mis sueños. Después de dos días en Chinandega, regresaba a Managua, quebraba mi chanchito y daba comienzo a los días de compras sin medición ni control. Compraba caramelos, meneítos, bolis, helados y demás deleites, luego íbamos al mercado a comprar el juguete más nuevo -usualmente de plástico-, después un trompo, 3 chibolas y el dinero que me sobraba, como ya tenía lo que quería, lo dejaba tirado por el cuarto, en la sala y hasta en el vehículo de mi papá. Todo esto sucedía en las narices de mis familiares y jamás nadie me dijo si es estaba bien o mal, por el contrario, escuchaba frases como: “ahí déjalo, está niño todavía”.

Pasaron 30 años y esta escena es exactamente igual, con la diferencia que quienes ingresan en mi chancho –ahora mi cuenta– es la empresa donde trabajo…. el resto es igual y con esto me refiero al descontrol de mis finanzas. La otra diferencia es que las cosas que dejo tiradas son cosas que compré por impulso y tras la primera emoción, dejan de ser importantes para mí.

Analicemos un poco: Se me dio dinero por mucho años, pero jamás nadie se sentó para aconsejarme sobre el buen uso del dinero. Los consejos no pasaban de: “¡tenés que ahorrar!”

El asunto es que nadie me dijo cómo se hacía eso, jamás se me pidió un control de mis gastos y se me premiaba con dinero por ser un buen chico sin el más mínimo esfuerzo para ganármelo.

Cuando logré escuchar el tema de finanzas durante mis estudios, jamás se me habló de cómo manejar mis finanzas personales, pero sí se me exigía elaborar ejemplos y estudios sobre las finanzas de los demás: empresas, compañías, y así. Nunca me pidieron recibos de consumos personales, ni recibos de luz, agua, teléfono y demás servicios para hacer un ejemplo real de las finanzas.

Nadie me dijo que iba llegar a tener 38 años y no tendría un plan de retiro, ni ahorros, mucho menos que tendría que pasar el fuego para poder escribir este artículo para que sirva de ejemplo para alguien más.

Tampoco se me dijo que los años pasan rápido y que con el arrepentimiento no se compra nada. Nadie me dijo que cuando me quedara sin trabajo, la liquidación no me duraría más de 30 días, en caso de estar solvente. ¿Cómo se suponía que mis finanzas iban a estar bien si nunca recibí educación financiera?

¿Cómo le hice para ahorrar?

Empecé ahorrando C$10.00 córdobas de vez en cuando, luego C$20.00 córdobas cuando me acordaba, luego C$50.00 córdobas y de allí pasé a C$100.00 córdobas. Descubrí que el truco es hacerse un hábito de ahorro y después ese habito te exigirá ahorrar cada vez más.

Solo así pude ahorrar. Es tanto el hábito que antes de pagar mis cuentas, saco lo de mi ahorro exigidamente como si fuera un pago, sé que es difícil para tu mente leer esto y decir: “¡eso no lo puedo hacer yo!”.

Tu mente en estos momentos te dice: “¿cómo vas ahorrar si estás hasta el cuello de deudas?” Pero yo te digo: Si no probás, ¿cómo vas a saber si podés o no? Y si fallás, lo volvés a intentar. O ¿es que alguien se dio por vencido la primera vez que intentó caminar cuando era solo uno niño o una niña?

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