Presupuesto emocional: qué es y porqué te conviene tenerlo

Este artículo ha sido escrito por Richard Rodriguez. Si a vos también te gustaría contar tu historia o colaborar con un artículo de finanzas personales, con gusto lo podés hacer enviando un correo a [email protected]

Este artículo lo escribo inspirado en el post de José Jimenez (que podés leer acá) acerca de algunas maneras prácticas de ajustarte a un nuevo estilo de ahorro al mejor estilo covid.

Leer a José me hizo recordar cómo viví yo la disrupción de mi vida normal.

Yo estudio en Estados Unidos (pero becado, no crean que tengo dinero. Ni carro tenemos en mi familia.) De repente, llegó un correo diciendo que las clases presenciales se cancelarían en mi universidad, y que los estudiantes tenían las siguiente dos semanas para decidir si quedarse en el campus o irse. Luego, me llegó un mensaje de mi mejor amigo, que se graduaría este mes de mayo, diciendo que acababa de tomar la decisión de irse en dos días.

Así de repente, aspectos muy importantes de mi vida se destruyeron. Ya no podría continuar con mi semestre de manera normal. ¡Me estaba yendo muy bien! A mi mejor amigo quizá no lo vería en mucho tiempo a partir de ese semana. Yo estaba muy triste y estresado.

A los pocos días volé de regreso a Nicaragua. Estaba de vuelta en casa, pero no estaba listo para ponerme a trabajar en todo lo que debía trabajar: universidad, trabajo, familia.

Algo que usualmente olvidamos es que para salir de deudas (y en general, sentir que triunfamos en la vida), nuestros ambientes tienen mucho que ver.

Pensalo un segundo: cuando ya estás cómodo viendo netflix es muy difícil que dejés de hacerlo. Cuando estás acostumbrado a recibir recompensas inmediatas de la comida, de la televisión, de las redes sociales, etc es muy fácil convertir esas acciones en hábitos. Terminás haciendolas automáticamente, sin pensarlo mucho.

Pues algo así sentía con mi casa. Estar en mi casa me hizo sentir un gran letargo. Me despertaba tarde y simplemente me dejaba llevar por lo siguiente que hubiera que hacer en la casa. Casi todas las cosas que he perdido en mi vida, las he perdido en mi casa. Las becas que no obtuve, los premios que no gané, los trabajos a los que no apliqué. Casi todas esas oportunidades las perdí desde la comodidad de mi hogar.

Es en estas condiciones que muchas personas comienzan a gastar desenfrenadamente. Nos volvemos los saboteadores de nuestra propia vida.

Si no me creés, pensá en las veces en que no te sentiste emocionalmente bien y comenzaste a tomar decisiones muy malas, muy caras (financieramente y de otras formas.)

Interesantemente, nadie está inmune de que le pasen cosas malas y tomar decisiones malas. Es más, ese puede ser tu caso en este momento. El problema es que siempre, SIEMPRE lo terminamos pagando muy caro.

¿Qué se puede hacer cuando se toca fondo (o sentís que vas cayendo en un abismo de letargo y malas decisiones)? ¿Qué se puede hacer cuando ves que tus finanzas (junto con el resto de tu vida) van en picada y sabés que tomará mucho esfuerzo salir de ese hoyo? Un presupuesto emocional.

Hace poco aprendí los beneficios de sentarme a escribir acerca de las personas, actividades, cosas, pasatiempos, etc., que son más importantes para mí. Básicamente, ver qué es lo que me trae más satisfacción y luego asignar tiempo, dinero, y recursos a aquello que más me importa. Eso puede sonar muy egoísta, pero no lo es.

Por ejemplo, mi presupuesto emocional incluye a mis padres. Así que cada cosa que pueda hacer para que ellos se sientan amados por mí, la haré con mi mejor esfuerzo. Esto es maravilloso, porque ese esfuerzo no siempre implica dinero.

A mí nunca me faltó ver a varios amigos con padres muy ausentes en sus vidas. Aun así, esos amigos tenían más dinero que yo y recibían muchos mejores regalos que yo. Pero, ¿a qué costo? No podemos solo olvidar a las personas imporantes de nuestra vida y compensar nuestra ausencia con dinero.

Haciendo todos los días mi presupuesto emocional, he podido ver que muchas de las cosas que podemos hacer para mejorar la vida de las personas que amamos no necesariamente viene del dinero. Otras sí: por ejemplo, necesitamos dinero para comprar las medicinas de mis abuelitos. Sin embargo, si me limitara a simplemente comprarle las cosas que necesitan, aún podría hacer muchas cosas más.

En mi presupuesto emocional también he incluído cosas relacionadas a mi peso y a mi físico. No necesito comer muchas de las comidas que como. Y eso me ayuda a gastar solo en las cosas que necesito

En mi presupuesto emocional he incluido detalles del futuro ingreso que voy a producir. Esto es maravilloso, porque me permite visualizar ese futuro y hace inevitable que trabaje hacia ese futuro y el resultado está al alcance.

Al hacer el presupuesto emocional sabrás:

  • Qué es lo que más te importa en tu vida en cuanto a
    • Vos mismo
    • Tus relaciones
    • Tu trabajo
  • De qué formas podés maximizar tu impacto en esas tres áreas (uno mismo, relaciones, trabajo.)
    • Spoiler alert: muchas veces, no necesitarás invertir más dinero. Otras veces, te dirigirá a hacer mejores inversiones.

El dinero no lo es todo, pero sí nos permite hacer muchas cosas. Redirigí tus recursos constantemente hacia aquello que te hace más feliz. Puede ser cuidar a tus viejitos, ayudar a personas con necesidad cerca de vos, comprar una casa, conseguir un trabajo, escribir un libro, etc.

Tiempos malos requieren que seamos la mejor versión de nosotros.

Hacer un presupuesto emocional te permitirá ver con claridad qué es lo más importante en tu vida, y podrás dejar de gastar tus recursos en cosas que realmente no querés. Vas a poder dirigir tu dinero, tu tiempo, tu energía y tu creatividad hacia lo que de verdad te importa.

Por Richard Rodriguez

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