¿Cuándo es momento de cerrar tu negocio?

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Ufff, doloroso.

Cerrar un negocio es de los duelos más tortuosos que podemos pasar. Y no estoy exagerando, tener un negocio es como tener un hijo, le dedicamos tiempo, energía, dinero y atención, esperamos que ese esfuerzo rinda frutos, crezca y se desarrolle, y cuando no lo hace es un golpe muy duro, no solo a nuestra experiencia profesional, sino a nuestra vida personal y familiar. Que confirmen quienes lo han vivido.

Es difícil tomar esa decisión porque, por un lado, pensamos que todo ese tiempo, energía y recursos que hemos puesto hasta ese momento al negocio, se irían al caño, al bote de basura, de nada servirían. “Perdimos el tiempo” y no queremos sentirnos así.

Y por otro lado, caemos en la trampa de pensar que podemos arreglarlo con más esfuerzo, poniéndole más ganas, haciendo más cambios, poniendo todos los recursos que tenemos y los que no, y terminamos más exhaustos y perdiendo los recursos que podríamos haber salvado si hubiéramos cerrado a tiempo.

Saber cuando parar es una habilidad muy valiosa que se debe aprender en los negocios –y en la vida–, aunque lastimosamente, a veces debemos darnos algunos golpes duros para aprenderla. Y, aunque creo que esta habilidad es difícil de enseñar o transmitir porque depende de cada persona y de su perspectiva, intentaré darte algunas señales y pistas de que es tiempo de cerrar, o al menos de darle un giro a la forma en la que estás llevando tu empresa.

El negocio es bueno, pero ya no es el indicado para ti.

Es posible que ya estés cansado, estancado, ya no tienes espacio para crecer o ganas de hacerlo. Ya no te apasiona el negocio, te pesa levantarte para ponerte manos a la obra, te encuentras postergando constantemente las actividades relacionadas con la empresa. Las ideas tienen tiempo que no fluyen y la motivación para mejorar se agotó. Esto puede pasar cuando ya tienes años en tu negocio. Lo has intentado todo, te has tomado vacaciones para descansar y tomar un respiro para regresar con las baterías llenas, pero no sucede.

Esto es clave de entender: el negocio puede ser bueno, tus competidores están creciendo, el mercado sigue adelante, pero ya ese negocio no es el correcto para ti. Entiéndelo a tiempo y salte de ahí. ¡Eso sucede y está bien! Si tu eres la cabeza que dirige el negocio y lo hace crecer y sencillamente no estás en la sintonía para hacerlo, no funcionará.

Esta es la principal señal de que es hora de salirte del negocio. Ya sea que lo cierres, lo vendas, lo alquiles, lo delegues a alguien de tu familia, sal de ahí.

A nivel técnico, el negocio no está funcionando.

En este bloque reúno variables técnicas que pueden ser operativas, financieras, de producto o de mercado, que pueden generar el cierre de un negocio; sin embargo toma en cuenta que si analizas la causa raíz de estos problemas, puedes encontrar soluciones que te lleven a idear opciones distintas al cierre. Veamos:

  • Si el negocio no ha generado ganancias a los dueños en varios periodos, esta es una señal de alerta para hacer una revisión. Un negocio no es una fundación sin fines de lucro. Un negocio DEBE generar utilidades, primero porque las utilidades son la principal fuente de crecimiento de un negocio, y en segundo lugar, porque los dueños merecen una retribución por su inversión. Es posible que en un periodo determinado no se generen, esto pasa en ciclos de crecimiento en donde la utilidad bruta se consume en gastos operativos, pero si esta condición es constante y como dueño no estás feliz con esta situación, hay que revisar las posibles causas y pensar en un cierre.
  • Las condiciones políticas, económicas y sociales son hostiles y ya no se pueden gestionar. Los negocios no son islas, los negocios son organizaciones que se ven afectadas por cambios en la situación económica, política o social del área geográfica donde se encuentran. Si hay condiciones hostiles impuestas por el estado como cargas impositivas difíciles de soportar, regulaciones económicas que disparan la inflación y limitan a los consumidores, dificultad en la importación o exportación, inaccesibilidad al crédito, no hay respeto a la propiedad privada o no existe estado de derecho que permita condiciones para el intercambio comercial, muchas empresas se verán obligadas a cerrar porque no pueden controlar estos cambios. ¿Hay empresas que sobreviven a estas situaciones? Pocas, pero sí, a costa de mucho dinero, de quemar sus reservas, de tener pérdidas y de tener que crear relaciones con el estado. Y no todas tienen la capacidad y pulmón financiero para hacerlo.

 

 

  • El sector en el que está la empresa está en decrecimiento. Esto sucede constantemente gracias a los cambios tecnológicos o culturales. Industrias que antes existían, ya no existen o están en camino a desaparecer o disminuir drásticamente –telefonía fija, tabaco, la industria de materiales de oficina–, y otras que no existían, hoy crecen frenéticamente –empresas de última milla, desarrollo de aplicaciones, etc. Aunque la única solución para esto no es cerrar, enfrentémoslo: el 90% de las empresas termina cerrando antes de hacer un cambio que las mantenga vivas. Sucede, y es parte de la experiencia empresarial. Si te encuentras en un rubro en decrecimiento y no tienes un plan claro para resolverlo, cerrar antes de endeudar a la empresa e “irse a tiempo”, es mejor que mantenerla abierta.
  • El producto, servicio o la oferta de la empresa no funciona, la empresa pierde clientes y la competencia la arropa. Si no se tiene una ventaja competitiva clara, los competidores tienen mejores ventajas y la empresa no tiene la capacidad de alcanzar los estándares del mercado, ya sea por falta de capital económico, humano o estratégico, es mejor cambiar de rubro si es posible, o cerrar.
  • La empresa tiene deudas a las que ya no puede hacer frente. Importante destacar que cerrar una empresa por deudas acumuladas, es una consecuencia, no la causa del cierre. La causa es una dirección desconectada de los datos, de la toma de decisiones y de las buenas prácticas. Normalmente una empresa termina acumulando deudas por no haber visto los números a tiempo: problemas de caja, inventarios que no rotan y afectan el ciclo de efectivo, pérdidas que se acumulan, clientes que no pagan, gastos sobredimensionados, etc. Si ya los dueños no tienen pulmón financiero para hacer frente a estos compromisos, es mejor cerrar.

 

 

  • Empiezas a vender tus activos personales o salir de tus fondos personales y de emergencia para inyectarle dinero a la empresa con la creencia de que “ese dinero ayudará a la empresa a que resurja y me lo pagará”, normalmente no sucede, es mejor cerrar antes de que sea demasiado tarde. Recomendación: siempre ponte un número tope en la cabeza para inyectarle al negocio, y hazlo en un momento de tranquilidad: “estoy dispuesto a poner en este negocio hasta X monto, ese es mi tope”. Esto te servirá de alerta para darte cuenta cuando te estés poniendo en riesgo financiero.
  • Hay problemas serios de gerencia, de cultura en la empresa y los empleados talentosos se van. Esto es grave porque la empresa nunca llega a funcionar con procesos eficientes que sean ejecutados por personas capacitadas. Aunque la única solución no es cerrar, si la gerencia no se da cuenta de que debe tener un cambio radical en la forma en que gestiona a su gente, la empresa nunca crecerá. Y si la empresa no está creciendo, está muriendo.

 

Quiero que sepas que, si estás en el proceso de tomar esta decisión, si cierras tu negocio, el esfuerzo que le pusiste todos los años que se mantuvo abierto, si valió la pena. Te enseñó, tus clientes recibieron lo mejor mientras pudiste dárselo y tu equipo de trabajo aprendió y ganó, contribuiste a tu país y viviste una experiencia maravillosa.

Si ya lo cerraste, ¡felicidades! Te arriesgaste y aprendiste. Ahora tómate el tiempo de ordenar tus ideas, reflexionar sobre lo que sucedió, aprender las lecciones, descansar y, si es necesario, vivir el duelo, antes de ir detrás de la siguiente caza empresarial.

La vivencia valió la pena solo si aprendiste de ella.

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