Costos asociados: y eso, ¿con qué se come?

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Después del último post, escrito el viernes pasado sobre el concierto de Juan Luis Guerra, me dio gusto recibir correos y mensajes de personas diciéndome que se abstuvieron de ir después de reflexionar sobre lo que implicaba realmente unas cuantas horas de goce escuchando al cantante. Más importante aún, fue saber que sacaron cuentas no solo por el precio del boleto, sino además por todos los costos asociados a esta salida.

Y al final, ¿qué son los costos asociados?

Pues bien, los costos asociados son todos aquéllos en los que vos incurrís por determinada decisión que tomás. En el caso del concierto, aunque el primer gasto en el que vos pensás es el precio del boleto, también gastás en combustible –o taxi, si no tenés carro propio-, alguna que otra bebida y posiblemente la cena al finalizar el show.

Lo mismo sucede con nuestros gastos y las decisiones que vamos tomando día a día. Les voy a contar el costo asociado más reciente en el que incurrí, sin haberlo planeado…. bueno, mejor dicho, por no haberlo pensado detenidamente.

Como muchos sabrán, el domingo fue la carrera por los amigos de Aproquen: 5 km que empezaban en Galerías muy a las 6:00 am. Como últimamente se me ha metido la idea de que las personas que corren son sanas (me refiero a que hacen de correr, un estilo de vida que va más allá del simple ejercicio), pues yo también quiero correr… y decidí ir a la carrera.

Tuve la buena suerte de ganarme un kit para la carrera con Fuente Pura: ¡gracias! J por lo que me ahorré los C$200.00 que costaba. Y aunque madrugar en domingo no es precisamente mi actividad favorita, me desperté yo muy contenta pensando que iba a correr y me había salido gratis.

Ajá. Resulta que cuando la carrera terminó, decidí ir a desayunar a La Trenza con dos amigas. Ya me había levantado a las 5:00 am, ni modo que me fuera a mi casa, ¿verdad? Llegó la cuenta y entre las tres gastamos alrededor de C$250.00. No es una cifra pegada al cielo ni que nos va a dejar en la calle, es verdad; pero ¿qué pasa con todas las decisiones  que tomamos y gastos en los que incurrimos día a día? Simplemente se van sumando y el resultado es un final de mes en el que no sabés dónde se fue tu dinero.

De esta manera, cuando hagás tu presupuesto –que espero tengás, después de tener meses leyendo Plata con Plática- acordate de cada uno de los costos asociados a las actividades que realizás: si querés ir al cine, meté también las palomitas y el transporte (sea combustible o transporte público); si te vas a hacer manos y pies en el salón, meté también la propina que le vas a dar la muchacha; si estás pensando cambiar de carro, considerá cuánto más vas a gastar en combustible, mantenimiento y repuestos.

Lo mismo aplica para los negocios. Ayer estaba con un cliente que tiene un taller de mantenimiento, refrigeración y otras hierbas aromáticas. Lo estaba ayudando a tener un control más detallado de sus ingresos y a focalizar el negocio en aquellas actividades que le brindan las mayores utilidades. En el proceso se dio cuenta que de hecho habían servicios que él estaba ofreciendo en los que, en lugar de ganar, perdía. ¿Por qué? Porque no estaba contando todos los costos asociados de brindar cada servicio en particular.

En conclusión, cada cosa que nosotros hacemos tiene un costo y muchas veces éstos están ocultos. Es tu trabajo como consumidor responsable, planear cada uno de los gastos que vas a hacer y sumar qué otros gastos se suman al principal: siempre hay más de uno. En la medida que podás identificar con claridad los gastos reales en los que incurrís, vas a poder hacer un presupuesto más atinado y por ende, vas a llevar una vida financiera más sana.

¿Y vos? ¿Cuáles son los costos asociados de tu día a día? ¿Cuáles son los costos ocultos en los que nunca habías pensado?

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