
Hace una semana les compartí en mi Café Financiero una conversación que tuve con una de mis mejores amigas, que vive en Taiwán desde hace más de diez años. Durante una llamada comenzamos a comparar nuestras estrategias de inversión: qué plataformas utilizábamos, en qué estábamos invirtiendo, cómo nos había ido y qué decisiones todavía nos generaban dudas. Cuando terminamos, pensé en algo que no pude soltar: ¿por qué esa era prácticamente la única conversación así que había tenido con otra amiga?

Mi amiga que vive en Taiwán
Ahí sentí que habíamos tocado algo más importante que una simple llamada entre amigas. Tengo amigas empresarias, ejecutivas, profesionales, emprendedoras, artistas y mujeres que administran hogares. Mujeres que trabajan, generan dinero, sostienen familias y toman decisiones importantes todos los días. Aun así, pocas veces nos sentamos a conversar con profundidad sobre cuánto ahorramos, cómo invertimos, qué nos preocupa del retiro, cómo negociamos nuestros ingresos o qué está pasando con el dinero dentro de nuestras relaciones.
Hablamos de hijos, pareja, trabajo, salud, moda y problemas familiares. El dinero está atravesando casi todas esas conversaciones, pero solemos dejarlo fuera, como si fuera demasiado privado o incómodo. Podemos saber cuánto le costó a una amiga el vestido que compró, pero no cuánto está ahorrando, Conocemos todos los detalles de su divorcio, pero no si tiene los recursos para sostenerse, vemos crecer profesionalmente sin saber si está cobrando lo que merece o si vive angustiada porque siente que nunca tiene suficiente.
De esa inquietud nació Mujeres que hablan de dinero.
Durante años he enseñado finanzas personales por medio de conferencias, artículos, cursos, libros y contenido en redes sociales. Sin embargo, mientras más mujeres escucho, más claro tengo que muchas de nuestras dificultades financieras no se resuelven únicamente aprendiendo a hacer un presupuesto.
Una mujer puede conocer perfectamente la teoría y aun así tener miedo de preguntarle a su pareja qué pasa con las cuentas. Puede ganar bien, pero no atreverse a negociar su salario. Puede tener ahorros, pero sentirse atrapada en un trabajo o en una relación porque no sabe si le alcanzará para irse.
El dinero da margen para elegir. Elegir dónde vivir, qué trabajo aceptar, cuándo poner un límite, cuándo salir de una relación, cómo enfrentar una emergencia y qué futuro construir. Por eso preocupa ver cómo vuelven a ganar espacio discursos muy conservadores que presentan la dependencia de las mujeres como si fuera protección, virtud o tradición. Una mujer que no conoce sus números, que no participa en las decisiones económicas del hogar o que depende completamente de otra persona tiene menos capacidad de reaccionar cuando la vida cambia.
Hablar de dinero entre mujeres ayuda a reducir esa vulnerabilidad. Nos permite escuchar cómo otras han negociado, invertido, cometido errores, atravesado separaciones, creado ingresos adicionales o enfrentado el miedo de comenzar de nuevo. No porque todas debamos tomar las mismas decisiones, sino porque una conversación honesta puede mostrarnos opciones que antes no habíamos considerado.
La idea comenzó con un primer círculo de diez mujeres de distintos países de Centroamérica. Diez amigas mías. Hemos tenido dos sesiones y las conversaciones han confirmado que este espacio hacía falta. Hemos hablado del miedo al retiro, la relación entre pareja y dinero, la ansiedad por las cuentas, la negociación salarial, la necesidad de crear una segunda fuente de ingresos y la presión de seguir produciendo durante muchos años. También apareció una frase que resume la realidad de demasiadas mujeres: “No me alcanza para irme”.

Irse de un trabajo donde existe maltrato, de una relación que hace daño, de una sociedad de negocios injusta o de una vida que ya no se quiere seguir sosteniendo. No siempre falta valentía. Muchas veces faltan recursos, información y una red con quien hablar sin sentirse juzgada. Las mujeres de este primer grupo no llegan para aparentar que tienen la vida resuelta. Llegan con experiencias reales, escuchan a las demás y reconocen decisiones que quizá llevan años posponiendo.
A partir de esta experiencia decidimos abrir la comunidad a más mujeres.
El lanzamiento de Mujeres que hablan de dinero será el 3 de septiembre y estará dirigido exclusivamente a mujeres adultas con una vida económica activa. No importa si sus ingresos son bajos, medios o altos, ni si trabajan como empleadas, empresarias, ejecutivas, emprendedoras, profesionales independientes o administran las finanzas de su hogar. Lo importante es que tengan experiencias y decisiones reales sobre las cuales conversar.
No será una conferencia tradicional ni una actividad en la que yo hablaré durante horas desde una tarima. Tampoco será un curso, una asesoría personalizada o una membresía construida alrededor de Elaine Miranda. Ese día presentaremos la metodología, las reglas de la comunidad y se realizará la primera sesión de los círculos. Cada mujer conocerá a su grupo y a la moderadora que facilitará la conversación.
Yo seré una moderadora más. Algunas mujeres podrán quedar en mi círculo y otras estarán acompañadas por facilitadoras que ya aceptaron este rol de manera voluntaria y sin fines de lucro. Todas recibirán entrenamiento para cuidar la metodología, los tiempos y la participación de cada integrante. Su función no será decirle a nadie qué debe hacer con su dinero, sino ayudar a que la conversación se desarrolle con respeto y que todas tengan espacio para hablar.
La entrada de US$30 corresponde solamente al evento de lanzamiento del 3 de septiembre. No es el pago de una mensualidad ni de una membresía. Después de esa primera reunión, cada círculo deberá comprometerse a continuar encontrándose aproximadamente una vez al mes y organizar por su cuenta las fechas y los lugares. Podrán reunirse en una casa, una oficina, un café o cualquier espacio que les permita conversar con privacidad. Si existe algún gasto por consumo o alquiler, será acordado entre las integrantes de cada grupo.
La comunidad dependerá del compromiso de las participantes. No buscamos llenar un evento de mujeres que asistan una noche y luego desaparezcan. La intención es formar grupos que puedan construir confianza con el tiempo. Nadie espera asistencia perfecta, porque existen viajes, enfermedades, hijos y responsabilidades laborales, pero sí esperamos que cada mujer entre con la disposición real de sostener el espacio junto con las demás.
Cada participante puede invitar a otra mujer, siempre que ambas compren su entrada y comprendan el propósito de la comunidad. Llegar juntas no significa necesariamente quedar en el mismo grupo, porque los círculos serán organizados tomando en cuenta factores como la etapa de vida, el rol económico y la experiencia profesional. Queremos que cada grupo tenga suficientes puntos en común para conectar, pero también diferencias que permitan aprender unas de otras.
La privacidad y confidencialidad será fundamental.
Lo que una mujer comparta dentro de su círculo SE QUEDA ahí. Se podrá hablar de la experiencia general, pero nunca repetir historias, cifras, nombres o detalles de otra participante. También esperamos respeto, puntualidad y capacidad para escuchar sin convertir cada historia en una lluvia de consejos. El propósito no es corregir a las demás, sino compartir experiencias que ayuden a cada mujer a pensar y decidir por sí misma.
No se permitirá la asistencia de niños al lanzamiento porque las conversaciones requerirán concentración y privacidad. Tampoco es necesario saber de finanzas, invertir o tener las cuentas ordenadas para participar. Una mujer puede llegar porque quiere comenzar a ahorrar, porque está endeudada, porque está considerando cambiar de trabajo, porque no sabe cómo hablar con su pareja sobre dinero o porque siente que gana bien, pero no está construyendo patrimonio.
Esta comunidad importa ahora porque todavía incomoda que las mujeres hablen de ingresos, patrimonio, ambición, independencia y poder. Se espera que cuidemos, sostengamos y sacrifiquemos, pero muchas veces se nos critica cuando decidimos proteger nuestro dinero, cobrar mejor o priorizar nuestro futuro.
Eso tiene consecuencias muy concretas: mujeres que trabajan durante años sin construir activos, que desconocen las deudas del hogar, que postergan decisiones importantes o que permanecen en situaciones dañinas porque no se sienten capaces de sostenerse solas.
Mujeres que hablan de dinero busca cambiar esa conversación. Queremos que más mujeres se sientan firmes al preguntar, negociar, invertir, reconocer errores y tomar decisiones financieras. Que puedan hablar de deudas sin esconderse, de ingresos sin vergüenza y de independencia sin pedir disculpas.
El 3 de septiembre será el inicio. Lo que ocurra después dependerá de las mujeres que decidan reunirse, escucharse y mantener viva la comunidad. Porque cuando una mujer entiende mejor su dinero y aprende a hablar de él, aumenta su capacidad de elegir qué hacer con su vida.
