Recetas para cuando la vida te hace comer mi€rd4: el fracaso

Recetas para cuando la vida te hace comer mi€rd4: el fracaso

Marzo – IG GRID 39 | Plata con Plática

¿Has fracasado? ¡Bien! Eso quiere decir que estás vivo. Todos los días la naturaleza está corrigiendo y aprendiendo de lo que no sale bien. Hay galaxias que colapsan, diferentes animales que nacen con mal formaciones, fenómenos naturales, están causando desequilibrios todos los días, etc.

El ser humano, no está fuera de la naturaleza y aunque nos pese, no somos lo más importante que se ha creado, somos una criatura más. Sin embargo, racionalizamos, pensamos, le buscamos sentido a lo que nos sucede y como nos sentimos el centro del universo, magnificamos la importancia de lo que nos sucede.

Quiero compartirte en este artículo, algunas reflexiones que me han servido para “digerir” mejor el fracaso.

1. La suerte

Muchas veces no logramos lo que nos hemos propuesto, por un suceso aparentemente fortuito, que altera alguna variable o cambia el curso de los hechos y simplemente las cosas no se dan.  No cerramos una venta porque la persona que compra cambia, se modifica el presupuesto, una pandemia cambia el valor de lo que estamos ofreciendo,  perdemos un cliente, perdemos una relación, etc.

Son eventos que no podemos controlar pero que nos afectan, ¿podemos llamarle suerte? ¿azar? Hay dos libros que te recomiendo leer sobre este punto: “¿Existe la suerte?” y “El cisne negro”, ambos de Nassim Taleb. 

Hay muchos argumentos interesantes en ellos, por ejemplo, según el autor, muchos de los grandes logros a veces son producto de simple suerte:  estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, pero de igual manera, el fracaso puede venir de la misma fuente, estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Si este es el escenario, no hay mucho que hacer, nos queda aceptar lo que el azar ha puesto en nuestro camino, y aprender de su poca duración. También afirma en su libro «¿Existe la suerte?», que si el azar derrumba todo el trabajo de una persona capaz, ésta va a tener una más probabilidades de reconstruir lo que había logrado. Como por ejemplo Henry Ford, que tuvo varios fracasos por personas aprovechadas, pero aprendió de cada uno; y siendo una persona competente, al cuarto intento finalmente logró levantar su empresa.

Particularmente creo en el karma, aunque no se si me atrevería a debatir con don Nassim Taleb al respecto, pero me parece una postura más “justa”. La idea de karma plantea que todos los sucesos que vivimos, son producto de una ley universal, que compensa nuestros actos tanto de nuestra vida como de posibles vidas pasadas. Es decir, que debemos sentirnos aliviados al “pagar” la deuda y tomar conciencia del aprendizaje que hay detrás. 

También se podría argumentar, siguiendo este orden de ideas, si creemos en la versión Abrahamica, de Dios personal, que es su voluntad lo que sucede, y sirve un propósito, oscuro ante nuestros ojos, pero si tenemos fe, seguir este camino va a mostrar, con el tiempo, lo que Dios tiene reservado para nosotros, convirtiéndose el fracaso en un vehículo de reivindicación y práctica de nuestra relación con nuestra versión de lo sagrado.

2. El enfoque mental

Dice “La Voz del Silencio”, libro de sabiduría tibetana, «la mente es el gran destructor de lo real». La mente puede ser una gran herramienta para la vida, nos conecta a través de los sentidos con la realidad circundante, sirve para relacionar y aprender. Pero también conoce nuestros defectos, reales o imaginarios y los susurra y puede ser un factor desequilibrante; cuando la situación es de éxito quiere aprovechar para hacernos crecer el ego como la levadura de un pastel, pero cuando enfrentamos un fracaso, puede ser bien cruel y decirnos cosas hirientes, que sólo terminan por hacernos daño.

Tanto en las novelas como en las películas, nos muestran escenas en las que se escucha una voz, dentro de la persona, esa es la mente, tiene su receptor biológico en el cerebro. Contrario a lo que creemos, no somos eso, el ser humano es algo mucho más complejo, pero el problema es que no controlamos lo que pensamos, hemos perdido el interruptor de apagado.

Uno de los pasos más importantes para encarar la vida, es controlar el diálogo mental, educarlo o entrenarlo. Es importante comenzar por escuchar lo que dice, observar. 

Eckhart Tolle en su libro el “El poder del ahora” hace la invitación a que te quedés callado y le pidás a tu mente un pensamiento; es curioso, pero generalmente, cuando la observamos, la mente se queda callada.

Debemos reconocer, que nuestro acercamiento a la realidad, es sólo nuestra percepción, nuestra forma particular e íntima de valorar las cosas, lo que creemos real, basado en nuestras experiencias y educación.

Si no entrenamos, podemos encarar algo que no sale según lo previsto, con mucho dolor, revivirlo varias veces, si el error ha sido nuestro, lo repasamos y nos flagelamos, si ha sido falta de acción, nos repetimos la palabra “hubiera”.

Si le ponemos conciencia, podemos poco a poco desarrollar la mentalidad de aprendiz, que es más abierta y enfocada. No somos perfectos, enfoquémonos en aprender, en no cometer los mismos errores, no vivimos en una película de Hollywood donde el actor hace todo bien; tenemos permiso de fallar, las veces que queramos, la vida está llena de constantes ensayos y pruebas. 

Eso sí, que los errores sean distintos cada vez, hagamos todo lo posible por no pegarnos varias veces con la misma piedra y si lo estamos haciendo, ya llevamos el tercer tropezón, retirémonos dignamente del lugar y aprendamos que esa piedra está ahí y no se va a quitar. Pero no permitamos que la mente haga drama, cuidémonos.

En ocasiones somos buenos amigos y damos buenos consejos, pero somos duros con nosotros mismos, cuidémonos como lo haríamos con un hijo o una persona muy querida.

3. El mundo emocional

Por diversas razones, no nos gustan las emociones como la frustración, la tristeza, el dolor, etc.  Pues las consideramos molestas, incómodas. Nos han educado en una cultura hedonista, que busca sentirse bien a toda costa y esto ha provocado una desconexión con nuestro mundo interior, no queremos ver hacia adentro y conocernos. No nos es grato ver nuestros defectos, es más fácil silenciarlos con una salida fácil, comer algo o buscar fuera de nosotros estímulos que nos entretengan. Pero estos temas desatendidos, un día te van a tomar por el cuello y te van a sumir en un combate y como vas a estar desprevenido, va a ser difícil comprender lo que pasa y vencer.

Según Amanda Blake, las emociones son vehículos que traen mensajes de nuestra mente y cuerpo; y nos dan una oportunidad al reconocerlas, aceptarlas, describirlas y comprender su conexión con lo que pueda estar pasando en algún aspecto de nuestra vida. Si estamos enfrentando un fracaso, las emocionen van a estar ligadas a lo que estamos viviendo y si se encuentran con nuestra mente destructiva, pueden magnificarse como si las metiéramos en una fotocopiadora, en un punto ya no sabemos cuál es la idea original que metimos en ese torbellino.

Reconocer las emociones, ya sea escribiendo para nosotros o en una conversación con alguien más, nos va a dar una mayor claridad y comprensión de lo que estamos viviendo y esto servirá para que sea menos difícil para nosotros pasar un mal momento.

Quiero cerrar este artículo, recordando lo que dice Michael Jordan en su anuncio de Nike: «he fallado más de nueve mil tiros en mi carrera, he perdido casi 300 partidos, 26 veces recibí la confianza del tiro ganador de un partido y fallé, he fallado una y otra vez en mi vida, pero es por eso, que he sido exitoso.»

Javier Arana perfil columinsta 03 | Plata con Plática

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