Gasto porque me lo merezco

ego blogger

¿Cuántas veces has comprado algo bajo la premisa de “trabajo duro y me lo merezco? Sin lugar a dudas, es una frase que yo he escuchado incontables veces y que continúo escuchando cada vez que un amigo o amiga pasa su flamante tarjeta en el bar, restaurante o tienda de ropa donde estamos.

Ya sean las cervezas del fin de semana, los frappuccinos de la tarde, la revista mensual o las compras de ropa una vez al mes, casi todas y todos caemos en el “gasto porque me lo merezco”.  Tal vez más que esos zapatos nuevos, lo que te merecés es la tranquilidad de saber que vivís dentro de tus posibilidades y que no tenés deudas por pagar.  Quizás más que esas vacaciones en San Juan, por las que vas a pasar pagando 6 meses, lo que te merecés es la seguridad de tener un fondo de emergencia.

La mayoría de las personas terminan comprando lo que quieren y cuando lo quieren porque sienten que trabajan duro para ganárselo y eso les da el derecho de malgastar su dinero. Y así es: uno trabaja y gana para gastar. Pero para gastar en las cosas que son importantes para nosotros, no en cosas que después no recordamos haber comprado o que no disfrutamos al haberlas gastado.

Después de todo, a uno le toca levantarse temprano todos los días, manejar en el tráfico, pasar el día usando tacones si sos mujer, escuchando reclamos de clientes o gritos de la jefa/e  y al final de la quincena cuando llega tu pago al banco, lo primero que querés hacer es retribuirte y premiarte por lo duro que has trabajado, ¿no?

Pero esta frase es en realidad una manera de justificar nuestra manera de gastar, de convencernos a nosotros mismos que no estamos haciendo nada malo, que de hecho, estamos haciendo algo bueno y de ignorar si estamos gastando por necesidad o por deseo. La mayor parte del tiempo es más la segunda que la primera.

Es bueno darse gustos de vez en cuando y cuando está dentro de nuestras posibilidades, y está bien recompensarnos a nosotros mismos por un trabajo bien hecho, pero “me lo merezco” no debe convertirse en una excusa para gastar, gastar y gastar. Lo malo es cuando esta frase  se convierte en un hábito y un pretexto para pasar por encima de los gastos prudentes.

De todos modos, recordá que para no caer en compras innecesarias, siempre es bueno dejar pasar al menos dos días antes de comprarlo (si es más tiempo, aun mejor!) para asegurarte que no estás comprando impulsivamente y siendo esclavo de tus deseos. Además, es importante que te hagás las siguientes preguntas:

  • ¿Lo quiero o lo necesito?
  • ¿Lo puedo pagar?
  • ¿Lo voy a usar?

En conclusión, preguntate a vos mismo ¿qué me merezco realmente? ¿Acaso estás renunciando a las cosas que son verdaderamente importantes para vos, como el tiempo con tu familia, por comprar cosas que te has convencido a vos mismo o misma que necesitás? Hay que ponerle mente a esto y dejar de gastar “porque me lo merezco”.

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