Cuatro reglas claves para hablar de dinero con tus hijos

Las finanzas personales y el manejo del dinero es uno de esos temas que, como padres y madres, reconocemos tanto importantes para la vida, como difíciles de tratar. Para muchos es incluso más complicado tocar el tema de la plata que del sexo.

Nos han criado pensando que el dinero es sucio (y por eso hay que lavarse las manos después de tocarlo), malo, para personas avaras y que quien hace dinero tiene las puertas del cielo prácticamente cerradas. En los círculos sociales es más fácil y común que discutamos sobre relaciones, sexo, emociones y trabajo que de nuestras finanzas… curiosamente, sin embargo, es algo sobre lo que estamos constantemente pensando.

Es momento de cambiar eso. En la medida que sigamos creyendo que es de mala educación hablar de cuánto se gana, se gasta, se debe o se ahorra, vamos a continuar con la espiral de falta de educación financiera en la que vivimos.

Y no es que seamos financieramente analfabetos por el mero gusto y placer, pues si al final nadie nos toca el tema y en la escuela tampoco nos lo enseñan, entonces ¿cómo vamos a aprender a tener una vida financiera sana?

Si ya cometiste unos cuantos errores por no saber cómo manejar adecuadamente tus ingresos y gastos, ahorrale a tus hijos e hijas el dolor, confusión y estrés que vos ya viviste. Si en su escuela no se lo están enseñando, te toca a vos hacerlo y como sé que comenzar no es fácil, a continuación te presento cuatro reglas para poder hablar con los más pequeños de la casa sobre la plata y, claro está, para que seamos consistentes con lo que decimos:

1. El dinero es como el sexo:

¿Ya tocaste el tema del sexo con tus hijos? Probablemente en el proceso te diste cuenta que sabían más de lo que pensabas… lo mismo sucede con el dinero. Sin embargo, también es probable que estén confundidos con respecto a lo que saben.

En esta era tecnológica la información está al alcance de un click, por lo que estos niños y adolescentes tienen mucho mayor acceso a precios y costos que nosotros. Para ellos es fácil saber cuánto cuesta un carro y conocerse todas las marcas disponibles en el mercado.

El asunto es que todo es relativo y es precisamente éste el vacío que debemos llenar, de aquí vienen las confusiones, pues de nada sirve que sepan el precio de un Corolla o un Lexus, si no saben si eso es mucho o poco dinero: ¿A cuánto ascienden los ingresos de la familia? ¿Es un carro que se podría comprar o está fuera del alcance? ¿Cuánto ganan papá y mamá y en qué se gasta el dinero familiar?

Solo conociendo todos estos datos, los niños van a tener una luz sobre las finanzas personales y la información que tan fácilmente pueden conseguir en línea.

2. Pensá antes de hablar

Esta es una verdad universal pero, en este caso, me refiero a que antes de hablar con tus hijos sobre finanzas personales debés, además, reconocer tus propios valores sobre la riqueza. Muchos padres y madres tienden a tener una idea bastante clara sobre los valores que quieren sus hijos asocien con el dinero, pero pueden no tener pensamientos tan claros sobre sus propios valores.

¿Qué quiero decir con esto? Podrías estar diciendo que no querés a tus hijos e hijas pensando que las posesiones materiales son la fuente de la felicidad y la satisfacción y, por otro lado, consumir, comprar y gastar compulsivamente. Como resultado, nuestros retoños verían que los valores que les decimos deben desarrollar, no son los que guían nuestras vidas.

Lo ideal es que cada padre piense por separado sobre sus propios valores y luego lleguen a un acuerdo, pues de no hacerlo, los niños son expertos en descubrir esos puntos de discordia entre sus padres y usarlos en su contra: armonicen sus valores antes de hablar con sus hijos e hijas y serán exitosos al manejar su la conversación y sus propias vidas.

3. Hablá con ellos, no a ellos

¿Suena casi lo mismo? No lo es. Cuando hablás con tus hijos hay un diálogo de por medio, dejás que pregunten y den su opinión. En el segundo caso, solo los estás sermoneando y como sabrás, eso rara vez funciona: es la mejor manera para que NO te presten atención. Para lograr conversar en lugar de sermonear, tené presente estos puntos:

  • Evitá el uso de frases que suenen despectivas o de menosprecio, como son: “Sos demasiado chavalo para entender”, “Cuando seás papá (o mamá) me vas a comprender”, “Tal vez cuando crezcás..”; así como frases que no inviten al diálogo, por ejemplo: “Porque yo lo digo”, “Eso no te incumbe”, “Esa pregunta o comentario está fuera de lugar”.
  • Todo debe ser comprensible a su nivel. Enfocate en que aquello que intentás transmitir sea acorde a su edad. Si tu hija o hijo es aún muy pequeño, no podés tocar temas como la hipoteca o el interés compuesto, pero si ya es un adolescente, perfectamente lo entenderá.
  • La mejor manera de motivarlos en la plática es haciéndoles preguntas que desafíen sus supuestos y lo que creen saber. Invitalos también a buscar sus propias respuestas.

4. Dales una mesada

Los primeros tres puntos se relacionaban a la conversación, pero aun más importante son las acciones. Una mesada es de esos pasos claves que pueden ayudar a tus hijos a manejar su dinero desde una temprana edad. Podés comenzar dándoles dinero para ciertas actividades, como una ida al cine y dejando que lo administren: con cierto monto deberán decidir si compran hot-dog, palomitas o unos dulces, o si guardan el dinero para cenar después.

Más adelante podrías darle un semanario con un monto adecuado que cubra lo que necesitan: no puede ser tan alto que puedan comprarse todo lo que quieran, ni tan bajo que si siquiera puedan tomar decisiones porque no les alcanza.

Para adolescentes e hijos mayores, se recomienda ir variando la mesada de forma semanal, a una quincenal, a una mensual para forzarlos a que se presupuesten. Es probable que al comienzo se queden sin dinero antes de tiempo, pero serán lecciones que les servirán toda la vida.

Finalmente, tené presente que hablar con tus hijos e hijas sobre finanzas personales no es algo que hacés una sola vez. Por el contrario, se debe hacer constantemente, es un desafío de toda la vida. Si no dejás de ser padre y madre en todos los otros aspectos, ¿por qué hacerlo con este tema tan importante? Tus hijos necesitan de tus consejos y guía en diferentes etapas y si hacés bien tu trabajo, vas a poder inculcarles los valores con respecto a la riqueza que querés.

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