8 Mitos financieros que aprendí dando asesorías

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En cuanto a la asesoría personalizada se refiere, he tenido todo tipo de clientes: mujeres, hombres y parejas, jóvenes y mayores, con hijos y sin hijos, solteros y casados, con altos ingresos y también con ingresos medios. Con esta variedad, uno pensaría que cada caso es único y particular y, aunque no deja de ser cierto, lo que he descubierto es que al final, casi todos manejan su dinero de la misma forma.

De hecho, por eso están ahí, buscando ayuda y yo los felicito, pues aceptar que no lo sabés todo y que querés mejorar es de valientes. Ellos y ellas han estado ahí para aprender a manejar su dinero, controlar su manera de gastar y consumir, salir de deudas, planificar y ahorrar para su futuro, entre otras cosas… y yo también he aprendido mucho en el proceso. ¿Sobre qué? Sobre cómo vivimos y pensamos los y las nicaragüenses y nuestra actitud frente al dinero.

A continuación te presento 8 mitos en materia de finanzas personales que he aprendido con todas esas personas que he ido conociendo en el último año a través de las asesorías personalizadas, los correos, las charlas y los talleres:

1. Si yo ganara más. La típica creencia de que tus problemas de dinero se resuelven con más dinero. Falso, pues entre más ganás, más gastás y eso no es invento mío, está comprobado. Si vos no sabés vivir y administrar C$ 1,000.00 córdobas, tampoco podrás vivir ni administrar $1,000.00 dólares.

2. Yo no tengo lujos. Esta frase es una de mis favoritas porque la escucho de TODOS, sin importar el nivel de ingresos. Es casi victimizarnos y pensar que llevamos una vida bastante sufrida donde solo trabajamos para pagar lo necesario. Una vez que empiezan a contarme sus gastos, se dan cuenta que hay salidas al cine, bares, restaurantes, compra de ropa, etc, y sí, éstos son gustitos que nos damos y no están mal: para eso se trabaja.

3. Todo lo que gasto es para mis hijos. Evidentemente esta frase es para los padres y madres de familia, que se toman tan en serio sus roles que juran y perjuran que TODO, absolutamente TODO el dinero que hacen es para satisfacer a sus hijos. Y es que aunque es cierto que los retoños salen caros y se llevan una buena tajada de los ingresos, es falso decir que no gastamos en nosotros también, porque sí lo hacemos.

4. No sé cómo me endeudé. La respuesta a esta pregunta casi siempre es el consumismo desmedido…. O por los negocios, en caso de los emprendedores. Rara vez fue por una emergencia. Para que vos seás capaz de ver y aceptar que probablemente te endeudaste por gastar desmedidamente en cosas que no necesitabas, es necesario que vayás a revisar los estados de cuenta de tus tarjetas de crédito y seguramente te encontrarás con cargos como el cine, restaurantes, bares, tiendas, etc. ¡Garantizado!

5. Si no tuviera deudas, todo sería diferente. Bueno, ésta tiene su parte de verdad, lo admito. Muchas y muchos de los que ya están ahogados en deudas y tienen que destinar más del 50% de su salario a pagos mínimos y mensualidades, me dicen que sin esas deudas, podrían vivir bien. ¿Sabés cuál es el problema? Que antes también tenías ese ingreso y aun así hiciste uso desmedido del crédito. La lección: hay que aprender a vivir con lo que te alcanza.

6. Todavía no puedo ahorrar. No importa si les hablo del fondo de emergencia, del ahorro para el retiro o del futuro profesional de sus hijos, la respuesta suele ser: “aún no gano lo suficiente”. Como siempre digo, el ahorro no es un tema de ingresos, sino de hábito. Comenzá a ahorrar desde el salario más bajo que tengás (por más pequeño que sea el monto) y crearás la costumbre de hacerlo cuando ganés millones ;).

7. Todos mis gastos son necesarios. Muy parecido al de “yo no me doy lujos”, pensar que todo en lo que gastás es necesario, es ponerte una barrera mental para recortar gastos. Después de todo, si tus gastos son de vida o muerte, cómo los vas a dejar de hacer, ¿no? Y aquí me encanta el ejemplo de una pareja que gastaba tanto en el súper que les pedí que hicieran una lista de compras; con ella descubrí que compraban 7 tipos de quesos diferentes. ¿Será que todo lo que compraban era justo y necesario? No. Siempre van a haber maneras –por muy pequeñas que sean- de recortas gastos.

8. El banco me roba. No, el banco no te roba. Vos firmás un contrato en el que aceptás un plazo, una tasa de interés y un monto. Si no te gusta, no firmés. Las reglas del juego en cuanto al uso de las tarjetas de crédito y otros préstamos son claras, lo que pasa es que la mayoría de las veces no nos tomamos el tiempo de aprender a jugar.

Y sí, todos son mitos. Después de la segunda o tercera cita, una vez que comienzan a llevar un registro exacto de sus gastos, se dan cuenta que las nociones que tenían sobre la plata, son erradas. Me encanta ver sus caras de sorpresa cuando se dan cuenta que sí se puede gastar menos, que sí se dan sus gustitos, que no es necesario salir todos los fines de semana y que el ahorro hace una diferencia.

¿Y vos? ¿Con cuáles de otros mitos te identificás? ¿Cuáles de ellos aplican a tu vida y tu manera de relacionarte con el dinero?

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