Por qué postergar la gratificación

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Aquí donde me ven, soy como la mayoría de las personas: me gustan las cosas buenas y bonitas. Soy de las que prefiere comprar algo que me va a durar mucho tiempo, y a lo que le voy a sacar mucho provecho en términos de uso y valor, pero también estoy clara que no puedo tener todo lo que quiero. Simplemente no hay manera.

Dicen que la paciencia es una virtud y estoy de acuerdo. Esperar para comprar cosas que quiero –y no siempre necesito- ha sido una verdadera suerte en mi vida, pues la gratificación retardada me ha permitido mantenerme alejada de las deudas y hacer cosas que quiero, sin dejar de disfrutar mi vida en el proceso.

Un ejemplo de esto es la historia que les contaba la semana pasada sobre el carro de mis sueños y mi intento de comprarlo en Andiva (lo pueden leer aquí). Les cuento que desde ese día, he hecho avances en términos de decidir qué carro me conviene: en un post futuro les estaré dando la noticia, de lo que sí pueden estar seguros es que ni es una Rav4, ni la compraré en Andiva ;). He decidido optar por la gratificación retardada y no la gratificación instantánea.

Acabamos de vivir el fin de semana que recién pasó, un verdadero frenesí por comprar. Los expertos calculaban ventas alrededor de los $10 y $12 millones de dólares (luego dicen que para ahorrar, no hay dinero), y yo me tomé el tiempo de llamar a Eduardo Fonseca de la Cámara de Comercio, quien me dijo que las estimaciones parecían haber sido sobrepasadas. Los primeros sondeos del lunes mostraban ventas más cercanas a los $14 millones de dólares… ¡pobres de sus aguinaldos!

Y escuchando esas cifras yo no puedo evitar preguntarme cuántas de las personas que compraron, tenían realmente el dinero para hacerlo y cuántas tarjetearon y van a pasar 6 meses pagando lo que les tomó 10 minutos comprar. ¿Por qué? Porque siempre buscamos la gratificación instantánea. Lo queremos todo y lo queremos ya. En especial las nuevas generaciones tenemos un serio problema escuchando la palabra “no” y sintiéndonos limitados. Por eso, comprar lo que queremos –no lo que necesitamos- en el momento deseado, es más importante que pensar en lo que eso implicará para nuestro futuro.

Tomemos el ejemplo de los electrodomésticos, muebles y productos electrónicos que venden algunas tiendas al crédito. Lo dije en este post y lo digo en cada una de las charlas que doy sobre el crédito y el manejo de las deudas: si nos detuviéramos un segundo antes de firmar, y sacáramos cuentas de lo que significa esos pagos chiquititos a lo largo de tres años, quizás esas tiendas terminarían quebrando. ¿Por qué pagar 3 veces el precio de eso que deseás? Simplemente porque lo querés ahorita y no podés (mejor dicho, no querés) esperar. ¿Por qué es que encontrás la manera de pagar la mensualidad, pero no podés ahorrar el mismo monto mensual para luego comprarlo de contado? Porque no sentís la presión del establecimiento de que si no pagás, te lo van a quitar: somos masoquistas.

La gratificación retardada son las dos palabras mágicas que te van a permitir tener una vida financiera sana. En la medida que seás capaz de decir “no, ahorita no puedo… voy a esperar para después”, evitarás tarjetear y/o hacer préstamos que te mantendrán esclavizado o esclavizada a los bancos por meses –o incluso años-, regalando tu dinero pagando intereses que podrías estar usando en algo más productivo.

Algún día tendré la Rav4. Y esto te lo puedo garantizar: va a haber valido la pena 100% la gratificación retardada.

¿Y vos? ¿Qué tan seguido comprás exactamente lo que querés, aunque eso implique endeudarte? ¿Cuántas veces has comprado al crédito? ¿Cuántas compras hiciste en el Black Friday Nica?

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