No te desquités con tu dinero

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¿Sabés qué te acciona a comprar y gastar?

Todos lo tenemos: los detonadores emocionales que nos impulsan a gastar. La pregunta es: ¿sabés cuál es el tuyo?

Decir “gastá menos de lo que ganás” es fácil y sencillo, incluso, todos sabemos exactamente lo que eso significa. Pero esta simple acción no es fácil si no comprendemos la causa raíz de esos gastos en primer lugar.

Por eso, me puse a echarle cabeza, a pensar, recordar y analizar lo que muchos lectores me han contado y así creé esta lista de los cuatro disparadores (¡hay más!) de compras y gastos más comunes.. y, claro, costosos:

Gastás porque estás triste o enojado:

No es de a gratis que se ha ganado el nombre de “terapia de compras”, ¿te suena? Y es que muchos estudios  han encontrado que cuando nos sentimos mal, comprar cosas puede hacernos sentir feliz.. al menos en el corto –súper corto- plazo.

Aquí lo más importante es esto último: CORTO plazo. ¿De qué te sirve sentirte bien durante unos cuantos minutos mientras salís de la tienda con tu elegante bolsa, si luego pasarás semanas o hasta meses estresada o estresado por la cuenta de la tarjeta de crédito? De nada. La gratificación que busquemos debe ser retardada y duradera, no efímera como la que conseguimos con estas compras.

Gastás porque estás hambriento (o tomado):

Quizá hayás notado (en vos o en alguien más) que el alcohol disminuye –y a veces hasta elimina- nuestras inhibiciones. Esto quiere decir que un par de copas de vino o cervezas podrían hacerte más propenso a gastar en ese nuevo producto electrónico que acaba de salir al mercado. Creeme, lo he visto. El alcohol te hace sentir que todo es posible y que esa nueva compra es una excelente idea.

El hambre, por otro lado, aunque tiene un efecto sicológico un poco diferente, también puede acabar con tu billetera. Este otro estudio demostró que las personas con hambre buscan, evidentemente, comida… pero también otros artículos, especialmente cuando sentís que esa comida no satisfizo tus necesidades. ¿Resultado? Vámonos de compra para aplacar el hambre u olvidarnos por un momento que la sentimos.

Gastás porque te sentís solo:

Recuerdo que cuando vivía en México, tenía un amigo que los fines de semana, cuando no tenía mucho que hacer y no regresaba a su pueblo con su familia, le daba por ir a vitrinear, también conocido como “window shopping”.  

Él decía que como estaba solo y no tenía nada que hacer, eso lo relajaba: iba a ver qué libros, camisas o zapatos nuevos habían… y, ¿qué creés? Unas horas después regresaba a su casa lleno de bolsas. Y es que se ha demostrado que, en realidad, estos nuevos productos te hacen sentir un poco menos solo. De nuevo.. solo momentáneamente.

Y, al igual que sucede con cualquiera de los casos anteriores, estamos buscando una gratificación instantánea que no nos dura mucho. De hecho, se va más pronto de lo que pensamos y si no teníamos dinero para pagar estas compras, terminamos sintiéndonos peor después cuando no podemos pagar.

Gastás porque te lo merecés:

¡Por supuesto! Éste es un clásico y muy a mi pesar es una frase que he escuchado mucho más en mujeres que en hombres. ¿Qué significa? Que trabajás mucho, que ganás tu dinero y que, por tanto, podés –algunas creen que deben- comprarte una nueva camisa o par de zapatos cada quincena.

Error. El problema no está en que te premiés por el buen trabajo, ¡eso me parece excelente! El problema está en la elección de ese premio: buscando siempre la gratificación instantánea. Lo he hablado con muchas amigas y es algo así: “qué es lo que realmente te merecés: ¿esa camisa nueva o la seguridad de que en tu vejez vas a tener dinero para vivir?”

Y que es el dinero que usamos hoy para esos pequeños gustitos, es el dinero que no tendremos mañana para cumplir metas realmente importantes: la compra de una casa, el viaje de tu vida, la maestría para el mejor trabajo, tu propia empresa, etc.

Entonces, nos corresponde preguntarnos: ¿Qué es lo que realmente merezco por este gran  trabajo que estoy haciendo?

Como verás, hay diferentes cosas que te pueden disparar a comprar. ¿Ya sabés cuál es el tuyo? Podría pasar, incluso, que son varios de éstos.. o todos ;). Si ninguno de los anteriores te suena, podés hacer lo siguiente: revisá tus facturas y/o estados de cuenta del último mes, especialmente las que no fueron planificadas.

Ahora intentá recordar cómo te sentías en ese momento, qué te había pasado unas horas antes de la compra, qué estabas pensando o sintiendo. Quizá tuviste un pésimo día en tu trabajo y te desquitaste con una camisa nueva; o tuviste una pelea con tu media naranja y decidiste salir con tus amigos. En fin, identificá qué fue lo que accionó esa compra o gasto.

¿Por qué importa esto? Porque la única manera de comenzar a hacer cambios positivos en tu vida y ver esto reflejado en tu dinero, es reconociendo el problema para detener el hábito.

¿Y a vos? ¿Qué es lo que te acciona? ¿Hay algo diferente a lo mencionado anteriormente? ¿Tenés otros?

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