Aprendí a sonreír cuando cambié mi vida financiera

Éste es un post invitado de una lectora: Ana Luz Zamora. Si te interesa escribir un post en Plata con Plática, escribime a info@plataconplatica.com y con gusto lo publicamos, el único requisito es que sea relacionado a finanzas personales y no hayan errores ortográficos.

Al leer el primer ensayo que realicé en noviembre 2015, antes de iniciar el proceso de educación financiera, emergen en mí sentimientos de gratitud, sí… no hay un día que no de gracias por haber nacido de nuevo a una vida de tranquilidad, paz, salud mental, una vida en equilibrio.

No quiero referirme a las cosas negativas que hacía antes, considero que todo eso fue parte de un gran aprendizaje. Solo quiero referirme a lo que hoy por hoy me motiva, a lo que hace que la vida valga la pena vivirla.

El bienestar es paragonable a una casa donde si todas las estancias están bien ordenadas, decoradas, la o las personas que vivan ahí se sentirán muy confortables, en armonía, será un ambiente muy acogedor y agradable. Con esto quiero decir que el ser humano tiene cinco áreas (física, mental, espiritual, relacional, emocional), nos sentiremos bien solo cuando buscamos la armonía en estas cinco áreas, de manera que pueda florecer la sonrisa desde el corazón.

Precisamente ese ha sido mi trabajo después de haber pasado por el proceso de educación  financiera.  Una vez ordenada el área monetaria, esto me llevó a ordenar todas las otras áreas, y me di cuenta de que solo las creencias limitantes nos impiden ver con ojos realistas, compasivos, altruistas, al regalo más grande que se nos ha dado: nuestra vida.

Y aquí me envuelve un gran sentimiento de gratitud nuevamente: “gracias a la vida que me ha dado tanto”, dice una canción…y es verdad. Es tanto lo que se nos ha dado y se nos da cada día y de gratis, pero se nos olvida y concentramos la energía en querer aquello que no necesitamos, en enredarnos más.

Y si me preguntan cuál es la herramienta que me ayuda a mantenerme y no sucumbir en mi antiguos hábitos, les voy a contar mi secreto: primero practicar todas las enseñanzas que nos dieron de presupuestar todo, planificar cada proyecto entre otras enseñanzas, y yo añado que aprendí a diseñar mi vida en gratitud.

Sí, cuando aprendí a vivir en gratitud los beneficios han sido cuantiosos, les contaré algunos:  he tenido mejor salud emocional y física, esto ha hecho posible un incremento de bienestar en mi vida, traducido en apreciación y asombro por la belleza de la vida, en la gente, en la naturaleza, en acostumbrarme a ver lo positivo  en todo. Cada noche antes de acostarme cuento las bendiciones que han sucedido en mi día y aprovecho más las horas de sueño, despertando por la mañana con más energía y agradeciendo un maravilloso día.

Los momentos difíciles, que si los hay, los he enfrentado mejor dando gracias y rescatando el aprendizaje que encuentro en cada uno de ellos que me hacen más fuerte, esto me ha permitido ver que aquello que yo miraba como difícil comenzó a cambiar, mi entorno ha comenzado a cambiar porque la primera que tenía que cambiar era yo.

Comencé a ver con los lentes de la gratitud y fue fabuloso experimentar  cómo mi relación con mi familia se reforzó aún más, las relaciones en el ambiente laboral porque comencé a poner en práctica estrategias de gratitud de manera que emergen sentimientos de empatía dentro del equipo de trabajo.

La gratitud me ha hecho vivir la vida con más humildad, o sea pensar menos en mí, valorando y aprovechando más lo que tengo y a quién tengo en mi vida, que es tanto. Porque si bien es cierto he aprendido a bailar bajo la tormenta, también he aprendido  a bailar bajo el sol disfrutando al máximo los momentos alegres, armónicos, felices porque de aquí es donde he tomado la energía para enfrentar cualquier tipo de vicisitudes que se me presenten en el  día a día, con esperanza y optimismo.

Anclando mi vida desde la gratitud me he sentido  más satisfecha  con lo que tengo, esto ha hecho que se haya eliminado de mi vida la ansiedad  por consumir, por comprar sin necesitar nada; agradeciendo  en cada momento por lo que tengo, he aprendido a valorar las cosas, personas, familia, amistad, la naturaleza, la vida que se me ha dado.

Aquí es cuando cobra sentido aquella famosa frase que nos repetían de “menos es más”, y esto  abre una perspectiva amplia donde me he dado  cuenta de que dentro de mí existen tantas cosas que puedo dar, no solo monetario, son también cosas como un apretón de manos, un saludo, una palmada, un mensaje, un gracias, una ayuda inesperada, entre muchas cosas más, que hacen que florezca una sonrisa.

Cuán importante es ordenar la casa. Pero para ello hay que cavar muy muy adentro descubriendo el por qué nos pasa lo que nos pasa. Y luego reconstruyendo la casa con bases sobre los pilares de la fe, decisión, disciplina, perseverancia y gratitud, y así  florecer en el lugar donde nos ha tocado vivir.

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